A ocho meses del atropello de su hija, madre aún clama justicia mientras conductor sigue fugado

Se cumplieron ocho meses del accidente ocurrido el 26 de julio del año pasado en calle Pérez de Arce, frente al número 400, entre Señoret y España. Dos niñas circulaban en bicicleta y por la misma vía, y a exceso velocidad, lo hacía un taxista, el cual las pasó a llevar y se dio a la fuga.
A dos días de cumplir trece años, Fabiana salió a dar un paseo en bicicleta con su prima. Con un beso en la mejilla, se despidió de su madre y comenzó a pedalear.
En busca de la orilla del mar, las niñas bajaban, de cerro a playa por Pérez de Arce. Eran dos almas libres que entre la fría época de vacaciones de invierno, bajo su inocencia, trataban de llegar a su destino soñado. Tras casi media hora de pedaleo, el apacible sonido del contacto entre el piñón y la cadena se escondía por el voraz rugido del motor de un vehículo que marchaba con prisa. Abruptamente las niñas se separaron de la bicicleta, mientras los transeúntes eran testigos de una escena que no olvidarían.
Bajo el exceso de velocidad, cómo si fuese una carrera contra el reloj, un taxista se entrometió en el paseo de las pequeñas. Las atropelló y se dio a la fuga. El silencio se apoderó de la escena por unos segundos. Fabiana y su prima entraron en un sueño del cual no se sabía sí volverían a despertar. Ambas tiradas en el pavimento esperaban por ayuda, mientras su villano se alejaba cada vez más de la cuadra donde ocurrió todo.
“Ese día a mi hija le tocó la peor parte, porque ella fue la que se fracturó y pasó su cumpleaños en la Unidad de Cuidados Intensivos”, recuerda con dolor su madre Rut Subiabre.
Un camino cuesta arriba
Entre máquinas, luces, mangueras, agujas, dolor y lágrimas, la incertidumbre se apoderaba de una pequeña alma que no sabía qué hacía en ese lugar y que tendría que comenzar un camino muy distinto al de la playa: el de la rehabilitación.
Después de diez largos días, otra Fabiana saldría del hospital. Cumplidos recién sus trece años, volvía a su hogar en sillas de ruedas, teniendo que usar pañales y aterrada por el rugir de cualquier motor.   
“Ella era una niña sana y tranquila, con buenas calificaciones. La sacamos del hospital en una silla de ruedas usando pañales, con secuelas psicológicas”, lamentó la madre.
Volver a nacer
A un lado quedaron las muletas. En parte, Fabiana ha comenzado hacer de vuelta una vida dentro de lo normal. Hace una semana recién pudo volver a utilizar el transporte público. Un gran paso que le hace frente al pánico que le generan todavía los vehículos.
Un caso que policialmente todavía sigue sin resolverse. Si bien los vecinos identificaron al autor del atropello, según el testimonio de los padres de la víctima, la Fiscalía no ha entregado ninguna respuesta y el paradero del conductor es un total misterio luego de casi nueve meses de lo sucedido. “Ha sido muy difícil. El fiscal me ha dicho que tiene todo estos casos de atropello. Yo quiero que se haga justicia, porque así como le pasó a mi hija, le podría suceder a otra persona”, finalizó la madre de la niña atropellada el 26 de julio de 2016.

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