Les
quiero agradecer que hayan acogido la invitación para que, juntos,
hiciéramos un discernimiento franco frente a los graves hechos que han
dañado la comunión eclesial y debilitando el trabajo de la iglesia de
Chile en los últimos años.
A
la luz de estos acontecimientos dolorosos respecto a abusos- de
menores, de poder y de conciencia- hemos profundizado en la gravedad de
los mismos así como en las trágicas consecuencias que han tenido
particularmente para las víctimas.
A algunas de ellas yo mismo les he
pedido perdón de corazón, al cual ustedes se han unido en una sola
voluntad y con el firme propósito de reparar los daños causados.
Les agradezco la plena disponibilidad que
cada uno ha manifestado para adherir y colaborar en todos aquellos
cambios y resoluciones que tendremos que implementar en el corto,
mediano y largo plazo, necesarias para restablecer la justicia y la
comunión eclesial.
Después
de estos días de oración y reflexión los envío a seguir construyendo
una iglesia profética, que sabe poner en el centro lo importante: el
servicio a su Señor en el hambriento, en el preso, en el migrante, en el
abusado.
Por favor, no se olviden de rezar por mí.
Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.
Fraternalmente,
Francisco