El
miércoles parecía ser un día más para la señora de iniciales P.A. de 63
años. Ya cerca de las 16.40 horas emprendía rumbo hacia su hogar desde
el Hospital Clínico de Magallanes. Específicamente en el paradero de
autobuses que se encuentra a las afueras del nosocomio en la avenida
Eduardo Frei Montalva.
Allí,
la vecina de Punta Arenas junto a su sobrina se subieron a una micro de
la línea 8 y solo en cuestión de minutos, esperaban, estarían en su
hogar que quedaba en el barrio Archipiélago de Chiloé.
El
autobús siguió su recorrido común y corriente: “comenzó el trayecto,
llegó a Zona Franca. Nosotros íbamos desde el Hospital hacia el barrio
Archipiélago de Chiloé, entonces este bus se fue hacia Zona Franca,
bajando por villa Las Nieves. Y cuando llegamos al paradero del sector
había alrededor de cinco personas y el chofer pasó y no las llevó, eso
fue lo primero extraño. Y las señoras le levantaban la mano para que
parase pero eso no ocurrió. Esto debió ser 16.40 horas del miércoles.
Después de eso llegamos a Kuzma Slavic, porque por ahí bajaba el autobús
y da vueltas por el gimnasio deportivo para llegar hacia Enrique
Abello. Y entre Kuzma Slavic y la otra calle, mirando hacia el norte,
había un grupo de estudiantes entre varones y señoritas, que estaban ahí
parados y lo hicieron detenerse con sus manos”, cuenta P.A.
Y
continúa su relato: “La cosa es que el conductor paró, pero al parecer a
uno de los chicos cuando frenó le pegó con uno de los espejos
laterales. Eso se lo dijo uno de los jóvenes cuando se intentaron subir.
Entonces, en vista de eso, le empezó a alegar, como toda persona. Al
principio todo fue en buenos términos pero después… Comenzaron a
alegar entre el uno y el otro, yo con tanto alboroto no sé qué palabras
exactamente se dijeron entre ambos, pero de que estaban discutiendo eso
es un hecho. Y de repente, lo que más nos dio susto fue que el chofer se
paró de su asiento, salió y lo agarró del cuello al estudiante. Cuando
pasa esto, lo toma y lo azota. Todo esto alrededor de las 17 horas y el
joven debe tener entre catorce a quince años, más que eso no tiene,
según yo”.
Golpes de puños
Ante
la situación, que la adulta mayor confiesa que le asustó en demasía, lo
único que atinó fue a comenzar a gritar y decirle a ambos, y en
especial al chofer, que pararan de pelear, pues de un momento a otro la
situación se tornó gris.
“Esto
siguió y el conductor le empezó a pegar combos y el chico se empezó a
defender. No sé si le pegó en la cara porque uno queda impactado en el
momento y no se da cuenta, pero que hubo combos los hubo. Uno, a raíz de
esto, se asusta. Es verdad que uno debería haber actuado, sacar el
celular y empezar a grabar, pero en ese momento es tanto el susto que
uno se queda perplejo. Yo le digo a mi sobrina que me tomase la cartera y
comencé a gritar que no le pegase más, por favor. Había otros que no se
pararon a defender o parar la situación”, recuerda.
Además, la misma persona confiesa que el escolar, junto a su grupo de amigos, se quedaron en el
paradero y no siguieron el trayecto que esperaban tener. No obstante,
los demás pasajeros sí lo hicieron, lo que solo pudo ser reflexionado
después, con calma, cuando logró bajarse en el lugar que le
correspondía.
“Yo
después de eso llamé a Carabineros, cuando me bajé cerca del parque
María Behety, y me dijeron que se habían enterado y que iban hacia allá,
pero no supe más del tema. La verdad es que todo esto es para no
creerlo”, afirma.
Incluso
narra que “yo soy abuela, tengo 63 años, y con todo esto me asusté, me
vino como una taquicardia, me asusté mucho cuando le empezó a pegar al
niño, porque yo le voy a decir algo: si el joven le empezó a alegar o le
dijo cualquier cosa indebida, él tiene como chofer la facultad de parar
la máquina, le dice que se calme y si no lo hace llama a Carabineros.
Pero eso no ocurrió. Nosotras salimos de eso muy, muy asustadas”.
No
obstante, el tema para P.A. no se quedará en eso. Junto a otra testigo
se procuraron de guardar el testimonio y tener la misma visión de los
hechos, pero que debido a que ella planea hacer algo más serio que una
simple denuncia por un medio de comunicación, prefiere mantener su
identidad en secreto.
“Yo ante esto haré la denuncia personalmente al ministerio de Transporte”, aseguró.
Cabe
recordar que hace poco El Pingüino también reportó un caso de agresión,
no física en ese caso, pero sí de discriminación a una persona ciega
cuando el chofer de una línea 2 lo hizo bajarse y no lo ayudo ante la
petición con anterioridad de esto.
De
hecho, el mismo seremi de Transporte de la región de Magallanes, Marco
Mella, dijo que se iban a seguir los pasos para indagar esa
problemática.