Violencia intrafamiliar: cifra de Magallanes es casi la mitad de la de Aysén en 2015

El trago más violento que pueda prepararse en una relación de pareja contiene una gran cantidad de alcohol; otro tanto de celos; un resto de recuerdos amargos de algo que alguna vez fue hermoso y todo eso batido en insultos, recriminaciones, odio y violencia descontrolada en un vaso humano que, en su gran mayoría, es masculino porque ha habido casos de violencia intrafamiliar de responsabilidad de mujeres que han afirmado que así han puesto fin a un largo calvario.
Magallanes quedó sobrecogido por lo registrado en Coyhaique, hace unos días, cuando Nabila Riffo, de 28 años, madre de cuatro hijos, fue encontrada agonizante en una esquina de  esa ciudad, golpeada con ensañamiento en la cabeza con dos trozos de concreto, con varios cortes con arma blanca, con señales de una presunta violación y con ambos ojos arrancados con un objeto que pudo ser un cuchillo, un destornillador o una filosa cuchara.
Es que nuestra región ya sabía de un caso similar, en la que un sujeto desquiciado por los celos, premunido de potentes armas de fuego, protagonizó una horrible noche de furia, dando muerte a un conocido, hiriendo gravemente y dejando inválido a otro, fallecido meses después del baleo, y tanto o más terrible que todo lo anterior, golpeó a la hoy parvularia Carola Barría, la secuestró, la llevó a un sector semi rural cercano al Hospital Clínico de Magallanes y allí volvió a golpearla y le arrancó ambos ojos, para abandonarla, sangrante, en estado de shock, llevando a un hijo pequeño entre sus brazos.
Carola, dando ejemplo de amor a la vida y su familia, partiendo por el hijo que llevaba en brazos, logró llegar al centro asistencial, recibió ayuda para ella y el pequeño y al cabo de un tiempo, pero ya ciega, retornar a su hogar, pero, obviamente, su vida jamás volverá a ser normal, pese a su esfuerzo personal, al de su familia y al de los sicólogos y siquiatras que la han atendido profesionalmente.
El responsable de tan repudiable hecho se enfrentó a balazos con personal de Carabineros y murió en la ley de los violentos.
Pero en Coyhaique, el sujeto ya formalizado, Mauricio Ortega, de 41 años, ha debido recorrer un par de cárceles en la Región de Aysén en medio de fuertes medidas de seguridad porque generó tan alto grado de repudio por lo obrado, que “aquí no lo quiere nadie y podrían matarlo, como a un perro”, según dirigentas sociales aiseninas.
Las autoridades nacionales y regionales han condenado el hecho, desde la Presidenta Michelle Bachelet, seguida de la ministra del Sernam y más allá de las críticas al eventual uso político del atroz caso, la entidad que dio en el clavo fue ONU Mujeres, que pidió al Estado chileno, acentuar aún más las políticas en el sentido de educar y prevenir la ocurrencia de casos tan terribles como los que se han abordado en esta crónica.
Se consigna, a continuación, la opinión autorizada, profesional e imparcial, de la hoy generala de Carabineros Marcia Raimann, jefa de zona de Prevención y Protección de la Familia y que hace años, como teniente y después como capitán de la institución, “se la jugó” por los niños que estaban acogidos en el hogar que la institución policial tenía en funciones en Punta Arenas:
“Existen diversas hipótesis de por qué en zonas extremas, la violencia intrafamiliar estaría siendo más agresiva y se estaría notando en mayor cantidad. Algunas pueden ser la poca conectividad con la que coexisten los habitantes de la región, el consumo de alcohol y drogas, la menor presencia de luz solar también puede ser un factor detonante de la violencia entre las parejas. Todo esto conlleva a cambios repentinos de ánimo, inestabilidad emocional y mayor irritabilidad”.

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