El consultor y exdiplomático magallánico Jorge Guzmán criticó la postura chilena en apoyo a la reivindicación argentina sobre las islas Malvinas.
Según afirmó en una extensa columna publicada en El Líbero, la cual adjuntamos, esta posición surgió recién en 1990 y a su juicio, es contraria al interés nacional en el Mar Austral y la Antártica y también a los derechos humanos de los isleños.
“Ya sea por una supuesta ‘identidad ideológica’ o por la presión de intereses empresariales criollos (fascinados por la ‘promesa del mercado argentino’), Chile se decantó por la ‘causa de Malvinas’. Pasados 33 años, de eso sólo queda ‘lo comido y lo bailado’, y un innecesario Tratado sobre Campo de Hielo Sur, que gravemente perjudica al interés nacional”.
No sólo eso, dijo, ocurre que anualmente, junto con un expreso apoyo a la “causa de Malvinas”, las “declaraciones presidenciales” registran un irreflexivo aval chileno a las pretensiones argentinas sobre “los espacios marítimos circundantes” a las Falkland, Georgia y las Sándwich del Sur.
Pero Guzmán asegura que “los efectos de estas declaraciones son mucho más que semánticos”.
Según explicó, el mapa oficial argentino que utiliza la interpretación argentina del Derecho del Mar, según la cual los “espacios marítimos circundantes” a esos archipiélagos permiten que Argentina proyecte pretensiones soberanas más allá de las 200 millas, e incluya parte sustantiva de la Antártica Chilena, al igual que un área de 9 mil kilómetros más allá del Cabo de Hornos.
“Es solo cuestión de tiempo para que este ‘boomerang’ de la diplomacia y del empresariado chileno de los años 90, nos cobre la cuenta”.
Como sea, agregó, entrado el siglo 21 (para muchos, “el siglo de los derechos humanos”), resulta simplemente inaceptable que Chile siga siendo instrumental para que “la gente de las Falkland” siga sometida a la sombra del bullying imperialista argentino.
Así, las preguntas inescapables son: ¿A cuánta coherencia están dispuestos a renunciar nuestra diplomacia y el coro pseudo legalista chileno que, dogmáticamente, apoya la ‘causa de Malvinas’, y valida el bullying peronista para negar a una pequeña población el ejercicio de su derecho a la autodeterminación?”
“¿Acaso sólo ‘porque sí’, es válido ‘saltarse’ los artículo 14 y 28 de la Declaración Universal de Derechos Humanos para imponerle a ‘la gente de las Falkland’ (con más de ocho generaciones en sus respectivos domicilios) una nacionalidad y un orden internacional que no desean? ¿No es esta una ‘práctica imperial’ y colonialista propia de otra época? ¿Debemos seguir siendo cómplices de este bullying?”
“¿O es más consecuente con nuestra tradición democrática de respeto a lo que -quizás en la más hermosa de sus creaciones- Víctor Jara llamó ‘el derecho de vivir en paz’ y, sin demora, renunciar a seguir siendo ad lateres del bullying peronista, que niega a ‘la gente de las Falkland’ el ejercicio de su libertad y de sus derechos humanos?”