En un restaurante de calle Chiloé, el dueño contesta bruscamente. “Todo bien, no hay problema, pero no ponga mi nombre”. Cuando nos vamos, uno de los garzones nos ataja y comenta: “Nada de bien, ahora en la tarde tenemos que cerrar mucho más temprano por las manifestaciones y eso a uno lo afecta”. Tras él, su jefe confirma con gestos huraños.
La seguidilla de marchas y manifestaciones está afectando al comercio del centro de Punta Arenas, que se ha visto obligado a cerrar más temprano las persianas. También hay preocupación entre dueños y trabajadores.
Cynthia Inostroza, administradora del dañado Work Café, indica que “estamos atendiendo normalmente al público, aunque ahora tenemos que cerrar más temprano, por las marchas que se producen. La idea es no exponer al personal después de los daños que sufrió el local el fin de semana”.
Al frente, BancoSantander está abierto con custodia militar. Otros bancos abiertos son Itaú, BancoEstado y Banco de Chile. Pero la sucursal ServiEstado seguía cerrada.
Norma Torres, dueña de la panadería El Rincón del Dulce admite que “bajamos entre un 10 a 20% las ventas, porque no hay clases y eso afecta. Tenemos que cerrar más temprano”.
No todos pierden. En una verdulería de calle Errázuriz, el público hace fila para pagar. “Se ve más abarrotado que de costumbre. Como los supermercados cierran más temprano uno se viene para acá”, dice María Canales.
– ¿Y qué pasa en la noche en calle Errázuriz?
“Ha estado todo normal, no hay problema”, nos dice con notorio acento caribeño, Luz Marina Conde, encargada del night club Private, mientras otra noche de protestas se acerca.