Se trata de canchas destinadas a la práctica de actividades deportivas y físicas por parte de numerosas personas que han buscado aprovechar las construcciones que estiman cercanas al Barrio Croata y a parte del sector de Playa Norte.
Todo
ese sector, después de haber sufrido los dolorosos y molestos embates
del barro maloliente, aguas servidas y materiales pedregosos que, en
marco del año 2012 arrastraran las desbordadas aguas del río de Las
Minas, recibió millonarios aportes del gobierno regional.
Esos
fondos permitieron que se urbanizara un amplio sector, con pavimentos
nuevos, veredas, sistemas de recolección de aguas servidas domiciliarias
y de aguas de las lluvias y, en general, se modificó, en términos
positivos, el paisaje urbano.
Entre
esos aportes urbanísticos pueden sumarse, más allá de las áreas verdes,
un par de plazas de juegos infantiles y canchas destinadas a prestar
servicios a los aficionados a la actividad física y a los deportes al
aire libre.
Esa
tarea fue cumplida en varias oportunidades, especialmente durante los
períodos de verano y las construcciones fueron bien aprovechadas por
numerosas personas que se sumaron a los centenares de niños y niñas que
hicieron y hacen uso de las plazas de juegos infantiles y de los
atractivos de la avenida Costanera del estrecho de Magallanes en todo el sector.
Pero…
Sin
embargo, el actuar de ciertas personas terminó por dañarlos e, incluso,
alejar a quienes los utilizaron para el desarrollo de sus actividades. Y no han sido los actos vandálicos a los que nos tienen acostumbrados en sus andanzas, porque han “innovado” negativamente.
No
es posible que se practique algún tipo de “acrobacia” o “ejercicio”
automovilístico ingresando automóviles y cuadrimotos a esas canchas. Y
menos, aplicar frenadas o ejecutar maniobras peligrosas que, al mismo
tiempo que ponen en jaque a quienes las ejecutan, dañan el pavimento de
los recintos deportivos y aumentan el riesgo de un accidente para ellos o
para aquellos que, pese a todo, buscan seguir realizando actividades
físicas y deportivas en el lugar que les corresponde y que están
destinados a esos efectos, aunque no se tomó en cuenta la presencia de
quienes actúan en forma irresponsable.
Algunos
deportistas se han quejado de la falta de vigilancia policial, pero se
preguntan por qué es necesaria la presencia de Carabineros en lugares
que debieran ser respetados “per se”, es decir, deben seguir cumpliendo
su rol social sin necesidad de que haya policías en el sector.
Por
ahora, los recintos deportivos seguirán siendo utilizados, en la medida
de lo posible, por sus más que legítimos usuarios: los amantes de las
actividades físicas y deportivas del sector, desplazados por quienes han
confundido esas instalaciones con otro tipo de pista.