Testigos aseguran que
ya a las siete de la madrugada, había amplias filas de magallánicos
formados ante los bancos de Punta Arenas, y otras tantas de estas
personas aseguraban que habían llegado dos horas antes.
Con
visible rabia, cientos se agolparon en masa ayer ante las puertas de
los bancos de Punta Arenas, en busca de un finiquito, el pago de su
sueldo o, simplemente, para realizar un trámite financiero
impostergable.
Y
es que el día anterior, más de un millar de trabajadores de la
construcción fueron despedidos en Punta Arenas, luego de la entrada en
vigor de la cuarentena que obligó a suspender casi todas las faenas.
Como
resultado, enormes filas de personas se extendían ayer desde calle
Magallanes por Roca y hacia ambos lados de calle Lautaro Navarro,
desafiando todas las normas de prudencia sanitaria tan pregonadas en los
últimos días.
Se
trató de filas tan extensas que impresionaron a todos quienes fueron
testigos de ellas. “Comienza cuarentena en Punta Arenas, con despidos
masivos de constructora y largas filas de las y los obreros cobrando sus
finiquitos”, publicó en Twitter, Camilo Mansilla, mientras observaba la
escena desde un balcón.
Testimonios
Eran
casi las 13.00 horas y en las filas, los comentarios de los afectados
eran mucho más agrios. “Llegué aquí a las siete y media de la mañana, a
cobrar mi cheque y esto avanza demasiado lento porque apenas tienen tres
cajeras trabajando. Nos despidieron ayer y ahora vengo por mi
finiquito. No me manejo con la tecnología y por eso prefiero venir a
cobrar mi plata en persona para no tener problemas para llevar cosas a
mi familia. No queda otra que arriesgarse, ¿qué le voy a hacer?”, decía
José Guerrero, mientras esperaba frente al Banco Santander. En su caso,
llevaba cinco horas allí, cuando finalmente pudo ingresar al banco.
“Estamos
todos despedidos. Ayer, nos juntaron como animales a 300 trabajadores
en un galpón y ahí nos echaron. Llegué a las ocho de la mañana
y ahora, tengo que esperar en la fila cinco horas muerto de frío para
poder cobrar mi cheque, mientras los jefes están en sus casas calentitos. Ahora, después de esto tengo que irme al supermercado donde también vamos a tener que hacer otra fila enorme para llegar a la casa con las cosas que faltan”, agregó Vladimir Teiguel.
– ¿Pero no le preocupa contagiarse?
“¿Qué
me va a preocupar a estas alturas, si lo que importa es llevar las
cosas que faltan en la casa ahora, en forma urgente. Aquí el milico nos
dijo al principio que guardáramos el metro de distancia y mire, eso es
imposible”, dijo mostrando la fila que se extendía hasta Lautaro
Navarro.
“Vengo
a cobrar mi finiquito porque también me despidieron. Llegué a las 8.30
de la mañana y prefería venir porque uno siempre tiene el temor que
después se caiga la página, que no haya internet y así no consigues el
salvoconducto y con cuarentena es más difícil hacer todos los trámites”,
agregó otro trabajador quien se identificó sencillamente como Rodrigo.
Otros
simplemente tenían prisa por su salud. “No me siento bien, estoy
disfónico y necesito comprar remedios y cosas pronto. Llegué a las ocho
de la mañana”, agregó César Andrade.
“No
tengo plata y uno tiene que llegar con cosas para la familia. Así de
simple. Ahora vengo por mi finiquito y con eso voy a comprar lo que
necesite”, agregó José Vargas, quien había llegado a las 8.20 horas.
Desde
lo alto de la escalera de acceso, el guardia de seguridad atestiguaba
que ya a las siete de la mañana había gente esperando y que cuatro
cajeras estaban trabajando, por lo que las personas ingresaban al
recinto en grupos de cuatro.
En el frontis del BancoEstado, algunos habían llegado a las cinco de la mañana.
Trámites
No
todo, sin embargo, eran finiquitos. También hubo pago de sueldos y
trámites que de un momento a otro se tornaron impostergables. “Vengo a
cancelar un APV y es algo que no se puede hacer por internet. No me
quedó otra que venir”, declaró Scania Díaz.
En
las notarías, los tiempos de espera eran menos angustiantes, pero
tampoco ayudaban. “Lamentablemente, mucha gente no sabe o no entiende
bien la tecnología y por ello prefieren venir ahora antes que pedir el
salvoconducto a contar de mañana”, agregó Ana González mientras esperaba
frente a una notaría. En su caso, llevaba tan sólo 15 minutos.
Resta por ver si en las próximas semanas, Punta Arenas no lamentará lo ocurrido ayer.