COLUMNA | La minuta

La
minuta presidencial con estadísticas y listado de logros, es el último
pataleo, con el cual se pretende emular al pasado Gobierno de Sebastián
Piñera y demostrar la superioridad en cifras de éste, como si gobernar
fuera sólo un tema de gestión y no de liderazgo político. El hacer
muchas cosas no supone que estas sean deseables, que hayan sido queridas
o valoradas. No cabe duda, la Presidenta Bachelet, ha sido mujer de
palabra, valiente y empeñada en cumplir un programa poco conocido, peor
difundido pero osado, audaz al hacerse al andar.

La
diferencia entra la Nueva Mayoría y la Concertación no está en la
inclusión del Partido Comunista, sino que está fue destrozada por la
pesada carga de un programa que no pudo sobrellevar, que frenó la
retroexcavadora a ras de tierra, a la cruda realidad de un país que no
pudo con la reforma tributaria, una economía a la baja y los costos
crecientes de reformas no proyectadas.

Es
una ilusión sostener que las reformas no podrán ser revisadas ni
votadas, especialmente grave en educación. La transitoriedad, los plazos
impuestos y las evaluaciones pueden hacer de esta reforma un episodio,
que sólo ocurre una vez. La falta de consensos fundamentales y de
compromiso pueden reducirla a la nada misma. Al extremo que antes de una
década deberíamos enfrentar una nueva para rectificar los servicios
locales.

Los
estudiantes tienen solo una vida, no tienen la posibilidad de comprobar
una hipótesis de gobierno mediante un experimento y por eso nunca
llegarán a averiguar si la reforma que se hizo en su nombre tuvo éxito,
simplemente tendrán que vivirla.

A
la Nueva Mayoría, no la salva ni la continuidad de las reformas, ni la
inclusión del Partido Comunista, asumido ahora como partido de gobierno,
ni la suma de los movimientos emergentes, ni el integrismo
democratacristiano matizado con repartija de viagra, simplemente no
tiene remedio, en tanto no asuma el conjunto de sus fuerzas políticas
que debe repensar el país y pasar de los programas etéreos a las
realizaciones posibles.

Los
profesionales en ofertar soluciones a corto plazo, al menos en las
encuestas, han tropezado con la voluntad mayoritaria de una ciudadanía
que no quiere arriesgar su espacio de confort, sus libertades
personales, sus expectativas económicas.

El
movimiento estudiantil cumplió su rol, establecer la agenda, posibilitó
una inédita correlación de fuerzas, fijó la tabla, no fue capaz de
aportar soluciones concretas, allí donde participó en la ejecución de
políticas públicas, fracasó.

Los
movimientos emergentes experimentaron un desgaste político que los
equiparó en divisiones, pugnas y pérdida de credibilidad con la vieja
política. La Nueva Mayoría, abandonó el camino del crecimiento con
equidad, expresión de pragmatismo, sucumbió a la promesa y la fase
utópica, terminó en la desintegración política, la administración del
poder y la fuga hacia un falso integrismo y la demagogia. Así las
cosas, no hay menú ni minuta que aguante, éstas serán superadas por el
populismo, la oferta de un millón de empleos y las soluciones que
arriban de la mano invisible y el crecimiento económico, tan alejadas de
la realidad como el tren al sur de Mayo
l.

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