Un importante hallazgo fue el que realizó Maccarena Marcotti, alumna de Medicina Veterinaria de la Universidad Santo Tomás de Viña del Mar, al realizar su proyecto de tesis en las aguas de la Antártica chilena, luego de registrar que en 18 de 20 muestras se hallaron rastros de distintos componentes que pueden afectar el ecosistema de la zona.
El primero, y más preocupante acorde a lo indicado por la tesista, es el bisfenol A, más conocido como BPA y que es ocupado principalmente en plásticos, envases de bebidas, adhesivos, equipos médicos y materiales de construcción en todo el mundo. “Mi intención era encontrar residuos farmacológicos, tomando en consideración los desechos y el movimiento de las corrientes marinas. Pero en vez de esto, encontré BPA, un componente que está demostrado ser cancerígeno y estrogénico. En altas concentraciones se ha registrado toxicidad sistémica, especialmente en niños”, afirmó la estudiante de la Santo Tomás.
El ácido salicílico, el cual es ocupado en la aspirina y en productos para el cuidado de la piel, fue el segundo componente encontrado. Según la tesista, este químico “tiene la propiedad de ser anticoagulante, por lo que los animales en el agua, al entrar en contacto con él, no pueden respirar”.
Otro químico que estaría perjudicando el medio ambiente acuático es el pesticida Irgarol, el que tiene potentes funciones alguicidas, y es utilizado para que la fauna de la zona no se incruste en las embarcaciones comerciales o de recreación.
Finalmente, el último poluto identificado fue el metilparabeno. “Es utilizado ampliamente en preservantes, cosméticos y productos farmacéuticos, entre otros, debido a su baja toxicidad, bajo costo y su actividad fungicida y antimicrobiana”, comentó Marcotti.
A partir de este trabajo conjunto, Maccarena y su profesor guía Felipe Sotomayor, fueron invitados a realizar estudios de magíster en estudios oceanográficos en la mencionada universidad brasileña. “No conozco mucho acerca de la investigación en la que quieren profundizar, pero por ahora estoy pensando en titularme y después veremos, así que sólo puedo decir que estoy muy agradecida de lo que me tocó vivir y de la posibilidad de aportar con un grano de arena a la ciencia y al desarrollo de algún proyecto que pueda reprimir la expansión de estos residuos tóxicos en la zona”, concluyó la universitaria.