Esperanza en Chile y su gente

Tristeza,
preocupación y esperanza. Esas son las sensaciones que me han invadido
en diferentes momentos a lo largo de esta semana. De un momento a otro
pasamos de estar en un “oasis” como dijo el Presidente
Sebastián Piñera
hace no mucho, a darnos cuenta que estábamos sentados sobre un polvorín
de descontento social, que encendió con el chispazo del alza de treinta
pesos en el pasaje del Metro.

Creo
que es demasiado pronto y demasiado pretencioso aventurar tesis que
expliquen en toda su complejidad el fenómeno que hemos visto, que se
compone de diversas aristas y actores que, dependiendo de los contextos,
pueden o no ser respaldados. Pero analicemos lo objetivo.

El
estallido social: Ya nadie discute que el alza en el Metro sólo era la
punta del iceberg que, bajo ese fenómeno, incubaba un malestar ciudadano
que se podría resumir en un solo concepto; el abuso. Hay una sensación
en la gente que este sistema es abusivo y que discrimina entre quienes
tienen recursos y quienes no, en una lógica que exacerba el
individualismo y se opone a lo comunitario que busca el bien común.

Estado
de excepción: Nadie hubiera querido volver a ver militares en nuestras
calles por los traumas que han quedado desde el golpe militar de 1973 y
las violaciones a los DD.HH que ocurrieron en la dictadura, pero el
hecho es que esa decisión ya se adoptó y hoy, en muchas poblaciones de
la periferia de Santiago, es la misma gente la que pide su presencia
ante el temor de los saqueos. Sobre esto dos reflexiones. Primero, yo
espero que la crisis termine pronto y los militares vuelvan a los
cuarteles que es donde deben estar. Segundo, el estado de excepción no
faculta excesos contra las y los ciudadanos y en el caso de los que se
investiguen y se identifiquen responsabilidades, se debe aplicar todo el
rigor de la ley. No es aceptable que se ataque al pueblo que se
manifiesta pacíficamente.

Actuación
del Gobierno: Creo que esta situación marcará de manera indefectible
este segundo mandato del Presidente Piñera quien, a mi juicio, ha tenido
una actitud errática y equivocada ante el malestar ciudadano. No hay
duda que su frase: “Chile está en guerra” es la más desafortunada de
todas las que se han escuchado y que el paquete de medidas que anunció
hace unos días, si bien tiene temas que valoramos, no es suficiente para
el desafío que nos ha impuesto la gente en las calles. Sin embargo,
cuidado con los llamados irresponsables, hoy más que nunca se debe
cuidar la institucionalidad, el Presidente debe concluir su mandato no
por un gesto hacia él, sino que en defensa de la Democracia (fue electo
por votación popular) y para garantizar una salida ciudadana e
institucional a esta grave situación.

Responsabilidades:
Ya pedimos perdón, y hoy es momento de ir más allá. No son aceptables
frente a ello las actuaciones de líderes políticos que matizan el
rechazo a la violencia, las vergonzosas actuaciones que hemos visto para
sacar un titular o un espacio en los medios. Es tiempo de escuchar con
humildad, de templanza, de hacer nuestro trabajo que es conducir y
representar lo que las personas nos están pidiendo. No sirve un país que
crece sólo para unos pocos, y ya no resisten las palabras bonitas en
discursos si no hay una actuación consistente.

Esperanza:
Sabemos que no hay varitas mágicas que solucionen todo de una vez, pero
lo que sí podemos hacer es reconstruir confianzas y eso pasa porque
estemos todos en la mesa; no sólo los políticos, también la sociedad
civil, el mundo empresarial, todos dispuestos a ceder y a movilizarnos
para que nuestro país sea de verdad un país mejor para todos y todas.
Tenemos la oportunidad de volver a mirarnos a los ojos, de reconocernos
nuevamente y de practicar de verdad el respeto a la dignidad del otro.
La oportunidad de volver a ser más personas y menos clientes, de
tratarnos entre nosotros más como personas y menos como consumidores; la
oportunidad de que la gente se vuelva a tomar las calles en paz y
arrebatárselas a los delincuentes y narcotraficantes. Confío que los
gestos de humanidad que hemos visto en medio de tanto dolor, sea el
despertar de una sociedad más consciente, el punto de partida para
volver a encontrarnos al alero de un nuevo pacto social que nos permita a
todos ser más felices.

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