La captura de quinientos ejemplares de guanacos machos, en terrenos situados en las estribaciones de la Sierra del Cazador, al norte de Cerro Guido, al pie de Sierra Baguales y en el Valle Las Chinas, fue calificada como exitosa por ganaderos de Última Esperanza.
Para ellos, además, no hubo problemas mayores ni con los dueños de los predios, ni con la Corporación Nacional Forestal (Conaf), ni con los grupos ambientalistas que rechazaron la autorización entregada por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).
Fuentes de la Secretaría Regional de Agricultura indicaron que el tema es delicado y en algunos sectores animalistas expresaron, tanto en Chile como en el extranjero, su rechazo a la caza de los guanacos.
La autorización otorgada, determinó que, a partir del 6 de junio del año pasado y hasta el último día de septiembre de 2015, se pudiera proceder a la captura de parte de los más de cuatro mil guanacos que amenazan los campos de pastoreo de ovinos en esa comuna situada al norte de la provincia de Última Esperanza.
Esa enorme cantidad de animales salvajes han sido considerados una amenaza no sólo para esos campos, sino que, además, para los bosques magallánicos, ya que se les indica como “devoradores de renovales” y porque su excesivo número, que corresponde a poco más de la mitad de la dotación de una estancia mediana, daña los campos por donde se desplazan.
Precauciones cumplidas
La autorización emanada del SAG fue cumplida en forma que se estimó “altamente satisfactoria” por parte de la empresa comercial que se adjudicó la licitación para la captura de los guanacos.
El trabajo de Comercial Mac Lean se hizo en forma discreta; se cumplió con las exigencias de informar el nombre de las estancias donde se realizaron las capturas, el lugar exacto y hasta el sitio preciso en que fue alcanzado el guanaco por los disparos de los cazadores y se respetó totalmente la prohibición de cazar guanacos hembras con sus crías y la captura al interior del Parque Nacional Torres del Paine.
También se dio estricto cumplimiento a todos los requisitos planteados para su transporte al frigorífico donde esos animales fueron, finalmente, faenados, desprovistos de su cuero y pelaje y embalados para ser despachados a los exigentes mercados internacionales y nacionales donde la carne del camélido sacrificado tiene demanda de los consumidores de productos “gourmets”.