A
menos de una semana de salir de la imprenta en Santiago, en un gesto
descentralizador que se agradece, fue presentado por primera vez al
público en Punta Arenas el libro “Ingenuos, ignorantes, inocentes” del
profesor de antropología y sociología educacional, Carlos Calvo Muñoz.
Los anfitriones magallánicos Anahí Cárcamo, Víctor Hernández, Leonardo
Navarro comentaron con agudeza el texto junto al editor Marcelo Mendoza.
De este interesante dialogo obtuve importantes conocimientos que
seguramente enriquecerán mi opinión respecto a la necesidad de transitar
de la educación formal hacia una más integral. Un libro imperdible.
Tremendo esfuerzo de la Editorial de la Junji. Así es, primera sorpresa
la Junji dispone de una editorial propia, institución vanguardista, que
pone a disposición de todos nosotros textos con temática de la infancia.
“Ingenuos, ignorantes, inocentes” es un libro provocador que cuestiona
la escolarización y reivindica la educación informal, la escuela auto
organizada. Es una invitación a repensar la escuela, que nos tienta con
la certeza, verdades preestablecidas, programas rígidos y exigencias
administrativas.
El profesor Calvo nos propone un cambio de paradigma,
nos alerta que los niños tienen disposición natural a aprender, que no
hay que limitarlos y nos invita a que los adultos no inhiban esa
curiosidad. De hecho propone que los profesores en aula sean
facilitadores de esa búsqueda, en la indagación. Dice el profesor que
“el educando es un hacedor de preguntas inocentes. Gracias a ellas huye
de las certidumbres, abriéndose a lo posible, lo incierto, lo casual y
lo contradictorio”.
Seduce con la ilusión de haber aprendido mucho antes
de que el estudiante haya terminado de estudiar. Pero quizás lo mas
llamativo del libro fue el diagnóstico que
hace el autor, al señalar que de nuestras escuelas siguen egresando
estudiantes que no leen comprensivamente, es decir, no entienden lo que
leen; que no manejan las cuatro operaciones aritméticas de manera
fluida; que presentan dificultades serias para relacionar hechos
históricos; que no conocen los nombres ni distinguen la flora y fauna
local; que presentan serias dificultades para ubicarse en el espacio
usando los puntos cardinales; que no pueden planificar sus actividades
con seguridad porque no logran discriminar la importancia y urgencia de
ellas; y todo esto sucede después de doce años de escolarización
obligatoria y muchísimas tareas realizadas en casa.
Será que la
tecnología reemplazó la comunicación efectiva, el cara a cara, el juego,
la satisfacción de leer una novela entretenida, la buena charla en la
mesa, la emoción de redactar y escribir una carta de amor, y otras
tantas cosas que dejamos de hacer cuando los celulares y tablets se
apropiaron de nuestras vidas. En fin, solo decir que si usted quiere
reflexionar sobre esta materia, lea este libro que es totalmente
recomendable. La mejor invitación que he recibido en el último tiempo y
que mejor si fue presentado en el Centro interactivo de juego y
movimiento (Cijum) del Barrio 18 de Septiembre, próximo a ser
reinaugurado por la Presidenta Michelle Bachelet.