La exitosa receta de emprender fracasando llega a Magallanes

No hay registro de cuántas puertas golpearon ni de las veces que la angustia intentó desanimarlos. Pero sí tienen claro de las ocasiones que se levantaron, porque como ellos mismos dicen: “ahí radica la fortaleza del éxito”.
El joven economista Benjamin Faivovich es el fundador y lidera la organización. Sólo en los últimos cinco años más de 50 mil estudiantes de establecimientos municipales y subvencionados de todo el país han participado en los talleres lúdicos. Una iniciativa que busca desarrollar habilidades como la autoconfianza, persistencia, establecimiento de metas, trabajo en equipo y creatividad, entre otras.  Al final del taller, el emprendimiento queda instalado como una filosofía de vida entre los asistentes.
“Éramos un grupo de cabros chicos que buscaban aportar para cambiar en cierta manera la educación y las brechas que existían en la población estudiantil”, rememora Faivovich.  Entonces, estudiaba en el Instituto Nacional junto a Esteban Álvarez y Oscar Recabarren, todos integraban el Centro de Alumnos. Desde ahí comenzó una profunda reflexión de las falencias de la educación pública, incluso antes que comenzara la primera revuelta estudiantil masiva, el año 2006,  a la cual se sumaron.
“Nos dimos cuenta que había un vacío muy grande en el desarrollo de habilidades en los niños y jóvenes, y que una forma potente de abordarlo era por medio de la didáctica, es decir, a través de juegos y dinámicas intelectualmente desafiantes que ayudaran a desarrollar distintas habilidades no cognitivas”, explica el fundador.
Era tanto el entusiasmo por aportar que pilotearon los talleres en los lugares más recónditos de Santiago, sin remuneración y sólo guiados en la convicción de estar en lo correcto.
Pero la antesala del éxito casi siempre es el fracaso, una experiencia desaprovechada y denostada la mayoría de las veces en nuestro país.
“El aprender a pararse cada vez que uno se cae es importantísimo. Suena a cliché, pero es muy cierto que lo importante no es las veces que te caes, sino que las que te levantas. Si nos hubiéramos quedado de brazos cruzados cada vez que alguien nos cerraba las puertas, no hubiéramos conseguido nada de lo que hemos hecho al día de hoy en Emprendejoven.  De nuestra propia experiencia nace el Aprender Fracasando que desarrollamos en nuestra metodología”, precisa Faivovich.
El tiempo les dio la razón y fueron reconocidos como el “Emprendimiento del año 2008” por Summit de Emprendedores, en Standford University. También certificados por Fundación Chile y Embajadores de Chile en International Youth Fundation. Y en el último período han prestado asesoría al Banco Mundial en temas de empleabilidad, educación y emprendimiento.  Y hoy ya cuentan con un libro de educción financiera: “Empréndete”.
En la misma línea, en la actualidad se encuentran trabajando en la creación del ramo anual de emprendimiento para establecimientos educacionales.
Para la empresa la historia regional representa un ícono del tesón y perseverancia que caracteriza al emprendimiento.  De ahí que sus descubridores hayan bautizado la zona con una toponimia trágica: Puerto del Hambre, bahía Inútil, isla Desolación, provincia de Última Esperanza, entre otros.
“Esta zona simboliza en parte el espíritu que enseñamos en nuestros talleres”, asegura Faivovich.

En Magallanes
Gracias al “Programa de Apoyo al Entorno Emprendedor Regional” (PAER), de Corfo, logran crear el Emprende Magallanes, iniciativa que parte su trabajo con siete establecimientos municipales y subvencionados de la región: Colegio Pierre Faure, Liceo Juan Bautista Contardi, Liceo Luis Alberto Barrera, Instituto Don Bosco, Instituto Sagrada Familia, Colegio Villa Las Nieves y Liceo Donald Mc Intyre Griffith de Cabo de Hornos.
En total son cerca de 900 beneficiarios, entre los que se encuentran alumnos de 7° y 8° básicos, profesores y directivos de los colegios seleccionados.  “Trabajamos no sólo con los alumnos, sino que con profesores y directivos, todos actores claves para dar continuidad y sustentabilidad al programa. También buscamos establecer vínculos con los apoderados, ya que las familias son fundamentales en el desarrollo de los niños y jóvenes”, señala Faivovich.
Siempre los talleres culminan con iniciativas de emprendimiento creativo. El “Ecofón”, un calefón ecológico a base de energía solar; el programa “Enchula tu mascota”, el “Taller Bicimóvil”; y el cargador de celular inalámbrico, creado muchos años antes de la masificación de los cargadores portátiles de teléfonos, son algunas de las iniciativas creadas por los propios estudiantes en cinco años de historia.
La toponimia de Magallanes es trágica: Puerto del Hambre, Bahía Inútil, Isla Desolación, provincia de Última Esperanza y tantos otros nombres que dan cuenta de una historia plagada de fracasos iniciales, pero que a la larga terminan por consolidar a lo que hoy son algunos de los nombres que cubren fracasos iniciales, pero que más tarde dan vida a la zona austral del planeta.

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