Las primeras luces del amanecer del martes hicieron que los turistas dirigieran sus miradas hacia el Estrecho de Magallanes, primero, y hasta el contorno de la Tierra de los Fuegos, Isla Dawson y la boca de los canales más australes del mundo, después.
Luego, la emoción, al llegar a Punta Carrera, a escasa distancia del sector de Puerto del Hambre y Fuerte Bulnes y proceder a embarcarse en la lancha “Carlos III”, lista para emprender el primer “Crucero a las Ballenas”, en la isla que dio su nombre a la embarcación turística.
“Este viaje, el primero de una serie que se prolongará hasta el mes de marzo, si las condiciones climáticas y la demanda del mercado lo permiten, es un verdadero desafío para nosotros, como empresa y como personas”, dijo Alejandro Solo de Zaldívar, empresario turístico magallánico a cargo de esta singular travesía.
“Salir temprano permite aprovechar el período de calma del amanecer y que los turistas disfruten de atractivos que son desconocidos para el mundo, para los magallánicos”, afirmó el empresario.
Y los enumera con entusiasmo: primero, la singladura por las aguas del Estrecho de Magallanes, sintiendo el peso de una historia que data de hace 500 años, cuando las naos del marino lusitano lo descubrieron y navegaron por estas latitudes.
Después, apreciar los bosques costeros, las bahías, el faro San Isidro y el imponente Cabo Froward, el extremo más austral del continente americano, que puede ser denominado, también, como alguien lo hizo hace ya un par de años, “donde nacen las Américas”.
Cruzando las aguas que golpean el cabo (“inhóspito, peligroso, agresivo, según los navegantes que han enfrentado ese desafío), se puede determinar, con certeza, qué clima habrá más adelante y si es posible completar o no la travesía hasta la isla Carlos Tercero y avistar las ballenas jorobadas en su hábitat natural.
Pero eso no es todo: lobos y elefantes marinos a sus anchas, en sus rocosos territorios isleños; pingüinos, toninas y los dos glaciares que jalonan la ruta con sus hielos más que milenarios.
Podría ser demasiado el poder apreciar tanto atractivo en sólo las diez horas de navegación que tiene la travesía, pero allí radica, precisamente, “la gracia del viaje”: una aventura singular en medio de un paisaje que sobrecoge por su belleza.
Es accesible
Alejandro Solo de Zaldívar explica que la lancha “Carlos III” es cómoda, confortable y dispone de todo lo necesario para que sus pasajeros disfruten del viaje.
Su patrón, Gonzalo Solo de Zaldívar Banciella, y los demás tripulantes ya conocen la ruta e hicieron un viaje de reconocimiento a comienzos de diciembre pasado y el informa es más que positivo.
“Y un viaje, para turistas estadounidenses, por ejemplo, tiene un valor de 205 mil pesos por persona y para los magallánicos, sólo 130 mil por persona, lo cual incluye transporte hasta Punta Carrera; desayuno a bordo, almuerzo y, si se puede, un buen wiskhy para amenizar el regreso”, informa, sonriente, el empresario turístico magallánico.
Proyección
Este tipo de oferta turística tiene ventajas para la actividad del rubro en Punta Arenas, afirma Solo de Zaldívar, ya que permite que la hotelería y la gastronomía regional, ganen dos días más con la presencia de estos viajeros en la ciudad.
Además, pone al alcance de los visitantes y de los magallánicos una serie de atractivos turísticos que muy pocos conocen y que están relativamente cercanos a Punta Arenas, tanto así que pueden apreciarse en un solo día, ya que el viaje que se inicia a las cuatro y media de la madrugada culmina poco después de la siete de la tarde, es decir, es un “full day” que, más encima, tiene un precio accesible.
Un hito importante para potenciar el emprendimiento sería la continuación de las obras de construcción del camino al Cabo Froward, para seguir penetrando la península de Brunswick, primero hacia el sur oeste y, con el tiempo, en dirección noreste, a fin de que pudiera avanzar hasta enlazar con la ruta vecinal que llega hasta Punta Prat y de allí, enlazar con la ruta norte a la altura del Parque Chabunco, como lo han planteado muchos soñadores desde hace años.
“Si pudiéramos llegar por tierra hasta Froward, el viaje duraría apenas dos horas hasta la isla Carlos Tercero. Imagínense lo que eso podría ser para todos, para los turistas extranjeros, ‘para los chilenos’, para los magallánicos, para nuestra empresa”, reflexionó Alejandro Solo de Zaldívar.
Pero habrá que esperar que ese sueño se materialice, ojalá lo más pronto posible.
Y lo maravilloso de los milagros, como esa futura materialización de un sueño, es que, a veces, se producen y son capaces de imponerse a los obstáculos más difíciles y más tozudos, como visiones equivocadas acerca del uso que los humanos debemos darle al medio ambiente y la burocracia influida exceso por esas visiones.