La equitación ha sido uno de los últimos deportes integrados a la pasión de los magallánicos, llevado a cabo desde un gran tiempo en la disciplina militar. Sin embargo, para Sandra Matic resultó un sueño de niña, que a través de mucho entrenamiento, dedicación y disciplina, ha pasado a ser realidad.
En un alto a sus entrenamientos, Pingüino Multimedia conversó con ella, de la inquietud por este deporte, sus experiencias y el día a día, que la mantienen preparándose para futuras competencias.
¿Cómo parte esta motivación por la equitación?
“La verdad que todo partió cuando yo era jovencita, trece o catorce años, viendo por la televisión los Juegos Olímpicos. Ahí, observaba a los jinetes junto a su caballo saltando y yo soñaba siempre con poder hacer eso. Sin duda, era un sueño a cumplir y así pasaron los años hasta que partí definitivamente a hacer equitación a los 38 años, porque tampoco se dio antes la oportunidad y además hay una falta de información aquí en Magallanes. Eso hasta que un día supe que los militares estaban desarrollando este deporte y como nunca es tarde para aprender, me inscribí inmediatamente”.
¿Y cómo fue esa primera experiencia, arriba del caballo?
“Lo primero que me dijeron fue ‘Sandra, obligación llevar casco’ (sonríe). Así que me conseguí un casco de salto, fui con jeans y botas último modelo (argentinos) y me subí al caballo, sin estribo y en el primer giro al trote me caí, quedé con la botitas y los jeans argentinos llenos de viruta y bueno me di cuenta que esto era algo más profesional, tenía que ir mejor implementada, así que me compre mis cosas y empecé a entrenar de verdad, es decir pagué el noviciado, de muy buena forma”.
¿Qué recuerdas de tu primera competencia?
“Muy nerviosa, fue aquí en Punta Arenas, un torneo internacional y más que linda fue de alta exigencia para poder hacerlo bien. Con muchas dudas, enfrenté por primera vez al público y a los jueces federados, que participan en competencias de alto nivel en Santiago. Por lo tanto, había una tremenda responsabilidad de hacerlo bien, pero gratificante, pase la cancha, la pasé muy bien y cumplí el sueño que había tenido a los trece años”.
¿Cómo vives en el presente la equitación?
“La vivo como una forma de vida. Entreno tres a cuatro veces a la semana y le dedico todo el tiempo necesario entre mi trabajo y mi familia”.
¿Como fue la experiencia de participar en los campeonatos internacionales que se han realizado en nuestra ciudad?
“Una gran experiencia, que además me ha significado mostrarme, mostrarle a mis profesores, mostrarle a mi familia, que todos estos años de entrenamiento, los puedo llevar a cabo de forma profesional dentro de una cancha y que ellos vean que todos estos esfuerzos de familia tienen un resultado. Por lo mismo, siempre le agradezco a mis maestros después de cada competencia. Gracias a ellos, yo estoy aquí”.
¿Tu mejor momento en la equitación?
“Fue hace siete años atrás, era más joven y me consolidé bastante bien, al pasar una cancha con 10 obstáculos y 12 esfuerzos a metro diez. Mi salto más grande es a metro cuarenta y cinco en una gimnasia. Eso no es tanto, se logra con entrenamiento, pero pasar una cancha de metro diez con giros complicados, con repetidos, eso ha sido lo máximo que yo he podido lograr en estos años”.
¿Qué te entrega la equitación, como deporte?
“Me entrega satisfacción, me entrega sentirme distinta a los demás. La equitación es el único deporte, en que tú miras a tu maestro desde arriba, por lo tanto te entregas el sentirte distinta, te mantiene siempre arriba y te hace pertenecer a un grupo selecto de personas que no le tienen miedo a los caballos”.
-¿Qué maestros han marcado tu carrera en la Equitación?
“Me han marcados varios maestros, soy viuda de Patricio Zamora, que ahora se encuentra en España, Guillermo Garín, jinete panamericano, espectacular, sus hijos hoy compiten en los mejores torneos internacionales, ha sido importante y lo sigue haciendo, porque cuando viajo a Quillota, todavía me sigue haciendo clases. Juan Antonio Villasecas es otro maestro que me enseñó a saltar grande y no puedo no dejar de mencionar a mi querido Felipe Muñoz que retomó el ímpetu para hacerme saltar grande también”.
¿Cuál importante es la complicidad entre jinete y caballo?
“Todo. Es sumamente importante conocer a tu caballo y que él a su vez te conozca a ti. Cuando pasa esto el caballo te perdona algunos errores y tu saltas confiado sabiendo lo que le puedes pedir, lo que le puedes exigir a tu caballo, es absolutamente básico, el conocimiento y la confianza entre ambos”.
¿Qué se viene a futuro?
“A futuro se viene Coirón. Es un caballo nuevo, que lo compré en isla Riesco, se fue a Temuco a una escuela de equitación por dos años, volvió y lo seguimos entrenando, a lo cual se vienen buenas épocas, con un caballo joven, para volver a saltar un poquito más grande y un poquito más complicado”.
¿A quién tiene que agradecerle por todo el apoyo a la equitación?
“Quiero aprovechar esta ocasión, para recordar y agradecerle todo su apoyo a Luis ‘Moncho’ Huerta, coronel de ejército, con el compartimos tantos momentos ecuestres que esa amistad deportiva paso hacer una gran amistad de personas y de familias. Compartimos muchos años de Equitación y aprendí mucho de él, no solo en el deporte, si no que esas experiencias después lo traspasas a la vida diaria. Sin duda agradecer a cada uno de los grandes maestros que he tenido en mi carrera ecuestre, porque gracias a cada uno de ellos, yo soy una apasionada de este lindo deporte”.