Torres del Paine: el hogar ancestral de los pumas

El Parque Nacional Torres de
Paine le debe su nombre a los tres picos graníticos que se asemejan a torres y
son parte de la Cordillera Paine. En los meses del invierno el sol de la mañana
tiñe sus paredes de unos naranjas y rojos intensos. Es común ver a grupos de
fotógrafos apostados desde antes de la salida del sol esperando esos diez
minutos de excelente luz, que hacen la diferencia entre una foto buena y una
inolvidable.

Encontré lo que vine a buscar, ya
que los pumas se han dejado ver fácilmente y he obtenido muy buenas imágenes;
un encuentro que siempre recordaré fue el que tuve con una madre y sus dos
cachorros de unos ocho meses de edad que, al principio, tímidamente se dejaban
ver. Me llamó la atención el color rojo que uno de los pequeños tenia en su
boca. A los pocos minutos entendí que era sangre fresca de un guanaco, presa de
su cacería nocturna, que escondían entre las piedras que usaban como guarida.

Los pumas son animales solitarios
porque a los dos años dejan a su madre y, al igual que el estudiante que
comienza la universidad, emprenden su propio camino. Esa libertad y el comienzo
de la edad adulta tiene sus privilegios, pero también sus inconvenientes,
porque deben ser hábiles cazadores para poder sobrevivir. Lo que más me
impresiona de estos animales es su poderío.

Los fotógrafos en la naturaleza
somos simples espectadores y debemos respetar las distancias prudenciales que exigen
las regulaciones de cada parque que visitamos. Por eso debemos trabajar con
todo tipo de lentes para captar lo mejor de cada escena, ya que en muchas
ocasiones no podemos acercarnos demasiado a lo que queremos fotografiar. En el
caso particular de estos felinos, que son tímidos y generalmente se los ve
desde lejos, hay que tener varios teleobjetivos que nos acerquen la imagen y
así lograr fotografiar sus rasgos, miradas y movimientos.

Los pumas son el sello distintivo
de este lugar tan hermoso y que día a día se hace más conocido a nivel mundial.
Ellos aquí son al equivalente al león en África y a los lobos en Yellowstone.
Sin duda, es el mejor lugar del mundo para ver al “león de la montaña” como se
lo conoce habitualmente. Con un poco de suerte también se puede avistar alguna
cacería.

Pero Paine no se reduce sólo a
los pumas, ya que los cóndores vuelan sobre nuestras cabezas en busca de comida
y los guanacos, naturalmente curiosos, mantienen su distancia de seguridad para
con nosotros, además del resto de las especies que conviven entre sí. La lucha
por la supervivencia se manifiesta en el accionar de cada animal, que también
deben enfrentar el intenso frío.  Los
serpenteantes caminos del parque nos introducen en nuevos paisajes, nuevos
colores, y el viento nos recuerda una vez más que la que manda es la
naturaleza.

Nuestro paso por Torres de Paine
está llegando a su fin, pero el recorrido por la Región de Magallanes recién
comienza. Estoy muy emocionado con lo que vendrá y ya empiezo a descubrir lo cautivante
de estas latitudes.

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