Cuando se entra a la torre de control, los instrumentos indican que en
el exterior hay 25 grados bajo cero de sensación térmica.
Ahí se entiende lo que la mañana del 22 de julio dijo el operador de
turno Patricio Zelada Ulloa: “Hay que ser muy fuerte mentalmente para vivir
bajo estas condiciones”.
Diario El Pingüino tuvo acceso a la torre que controla el tráfico
aéreo de los aviones que aterrizan en la pista del Aerodromo Teniente Rodolfo
Marsh de la base chilena Presidente Eduardo Frei Montalva.
Andrés Murillo Bravo es jefe del Aeródromo Marsh desde febrero de este
año, en una misión que seguramente se extenderá hasta fines de enero del
próximo año.
Había tenido la experiencia de vivir en zonas con nieve, como
Coyhaique, Balmaceda y de aislamiento y precipitaciones como Chaitén, “pero acá
es diferente”, reconoció.
“El grupo humano es mucho más reducido, el apoyo logístico es limitado
así que hay que maximizar todos los recursos que uno tiene a disposición para
poder seguir ejerciendo las labores, sin que ello signifique degradar o poner
en riesgo la seguridad y conectividad con el continente”, manifestó.
Un día normal
La dotación de la Dirección General de Aeronáutica Civil la integran
18 personas. Funcionan desde las 9.00 horas hasta las 18. “Dentro de ese
horario desarrollamos algunas tareas, como mantener la pista despejada de
nieve, hacemos labores administrativas, como en cualquier otro lado, ya sea
enviando correos o informes. Además, dentro de ese horario tenemos que repartir
el personal para las tareas comunitarias, como las faenas de agua, basura y
aseo, labores que normalmente en el continente están contratadas a externos.
Acá si no lo hacemos nosotros no lo hace nadie”, contó Murillo.
Hace tres años que las dotaciones de la Dirección de Aeronáutica que
llegan al continente blanco lo hacen solas. “Dejamos a nuestras familias en
nuestros lugares de origen, desde Arica a Punta Arenas. Para amilanar esto nos
tenemos que valer de los medios de comunicación que existen hoy, como el
WhatsApp, Facebook y correos electrónicos, para estar en contacto con la
familia”, dijo.
Operaciones.
Durante el año las operaciones aéreas promedian en 1.200 y en invierno
bajan al mínimo. En Marsh, en la pista de casi 1.300 metros de largo y 39 de
ancho, aterrizan los Hércules C-130 de la Fuerza Aérea de Chile, de Brasil, el
avión DAP, además de los Twin Otter y helicópteros de la FACh. “Acá se centra
toda la parte comunicacional que tiene la torre de control con los pilotos,
como a su vez también de los vuelos que salen desde acá o llegan desde Punta
Arenas”, señaló.
Vivió en Punta Arenas
Patricio Zelada Ulloa, que vivió en Punta Arenas entre los años 1983
y1988 (aprovechó de enviar un saludo a la comunidad educativa del Colegio
Alemán), comentó que no es fácil vivir en una zona de completo aislamiento,
como la Antártica, “bajo condiciones meteorológicas que son muy distintas a las
que normalmente vemos en Sudamérica, en Chile y particularmente en Santiago, de
donde provengo”.
“Es un desafío bastante grande y que sirve para probarse día a día de
qué es lo que estamos hechos. Hay que ser muy fuerte mentalmente para estar
bajo estas condiciones”. Reconoce que las redes sociales ayudan mucho para
estar conectado permanentemente con la familia, “y así poder palpar directamente lo que está pasando
en nuestros hogares”, dijo.
(Texto y fotos : Edmundo Rosinelli)