Estas nanopartículas se generan en el interior de microorganismos muy
resistentes a condiciones extremas, como la alta exposición a la luz ultravioleta,
la falta de nutrientes y las bajas temperaturas que se dan en el Glaciar Unión,
ubicado en la Antártida profunda, según el investigador Luis Saona, asociado al
Centro de Bioinformática y Biología integrativa (CBIB) de la Universidad Andrés
Bello (UNAB) y a la Universidad de Chile.
Hasta ahora, las nanopartículas se fabricaban principalmente a través
de procesos químicos que involucran a metales pesados como cadmio, teluro o
mercurio y que aumentaban su toxicidad y desfavorecen sus aplicaciones
biológicas.
Es por ello que, desde hace algunos años, el Laboratorio de
Bionanotecnología y Microbiología dirigido por el Dr. Pérez-Donoso, a través de
la investigación que desarrollan científicos como Luis Saona, han empezado a
fijarse en las nanopartículas de cobre, un mineral menos tóxico para el
organismo y que, a través de un método que han patentado recientemente, es
capaz de crear nanopartículas con gran poder luminiscente.
“El reto actualmente es sintetizar nanopartículas de forma natural
mediante el uso de microorganismos capaces de generar estas nanoestructuras en
presencia de cobre”, explica el científico chileno.
Además, que señala que la gracia de trabajar con este tipo de
microorganismos acostumbrados a vivir en ambientes extremos es que, después de
someterlos a un tratamiento de estrés, son capaces de crear estas
nanopartículas fluorescentes.
El cobre sería el único elemento exógeno que los científicos
agregarían para crear estas nanopartículas fluorescentes que, al ser
introducidas en células tumorales, podrían alumbrar el movimiento de las
células en el organismo y permitirían entender cómo y cuándo las células cancerígenas
infiltran otros tejidos.
“Lo que estamos estudiando es la posibilidad de que microorganismos
antárticos logren crear en su interior estas nanopartículas fluorescentes, cuya
toxicidad es mucho menor, pues está recubierta con proteínas y moléculas
orgánicas propias de un organismo vivo”, explica Saona.