Bosque Petrificado La Leona

Si estamos en el sur de la Argentina, más precisamente en el Calafate o en el Chaltén, la excursión a este increíble lugar es uno de los recorridos que no pueden dejar de hacerse.

La Leona es un pequeño paraje ubicado en la Provincia de Santa Cruz y se encuentra a orillas del río homónimo sobre la ruta 40.

Lleva
este nombre porque el Perito Moreno, que fue un reconocido científico,
naturalista, explorador y geólogo, fue atacado por un puma (“Leona”)
mientras acampaba al lado del río.

Fue
construido en el año 1894 por una familia de inmigrantes dinamarqueses
pero algunos acontecimientos, años después, le dieron fama mundial: en
1905 los forasteros Butch Cassidy y Sundance Kid estuvieron de paso
mientras planeaban su fuga a Chile, luego de haber robado el banco de
Londres en Río Gallegos.

En 1910, el hotel se amplió de dos a cuatro habitaciones y se edificó una pulpería y almacén de ramos generales.

Pero
salirse de la civilización para en pocas horas estar en un lugar de
ensueño no es cosa de todos los días y el bosque petrificado La Leona,
que es tan místico como interesante, merece la pena ser visitado.

Este
entorno es un yacimiento paleontológico en el que abundan los fósiles
de árboles principalmente, pero también podemos encontrar restos de
dinosaurios ya que hace unos 100 millones de años la escenografía de la
Patagonia no estaba salpicada de glaciares, montañas y picos nevados,
sino que
era
una vasta llanura con frondosos bosques. La madera petrificada conserva
su estructura y apariencia original con todos sus detalles.

La
Argentina es considerada como una de las mejores reservas petrificadas
del mundo y es por ello que la mayoría de estos lugares son declarados
monumentos nacionales.

Por
lo general las excursiones a este lugar salen desde el Calafate y luego
de unos cientos de kilómetros se llega a lo mas parecido a un paisaje
lunar que podemos encontrar sobre la faz de la tierra.

Si
bien el nivel de exigencia no es demasiado alto siempre es conveniente
estar en buena forma física para aprovechar la caminata, pero por sobre
todas las cosas, estar bien equipado para soportar el sol diáfano, el
frío patágonico y los vientos mal humorados que hacen de las suyas.

Durante
la caminata es inevitable detenerse varias veces a fotografiar figuras y
paisajes que parecen sacados de una película de ciencia ficción, como
así también, para recuperar algo de aliento.

La
inmensidad del lugar hace sentir la soledad y no importa cuanta gente
haya alrededor ya que los únicos sonidos que se escuchan, mas allá del
viento golpeando por allí, son los crujidos del calzado que quiebran el suelo seco al andar.

La
geografía del lugar no es plana y si bien las elevaciones no presentan
dificultad hay que tener cuidado en donde se pisa ya que hay partes en
donde pequeños pozos pueden jugarnos una mala pasada.

Tal
vez puede parecernos un poco monótono luego de unas horas de caminata,
pero es imposible olvidar que estamos caminando en suelos que fueron
formados hace aproximadamente 150 millones de años y que son tan
valorados que fueron declarados “áreas naturales protegidas” por el
estado, en donde el objetivo principal es conservar el bosque,
protegiendo a su flora y fauna en segunda medida.

La Provincia de Santa Cruz ha sido bendecida con estos escenarios naturales únicos.

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