El resultado suele venir por añadidura, incluso haciendo obvias las escenas finales, calcadas a un libreto común.
Las Sombras de Grey planteaban algo distinto, en un comienzo. El erotismo era la base de una saga de éxito mundial y los afiches llenos de cuerpos insinuantes hicieron pensar que nos hallábamos ante una propuesta novedosa y rupturista.
Nada más lejano a la realidad. Más allá del mundo del sadomasoquismo, la novela de E.L. James representada en la pantalla grande, concluía bajo el mismo tono del “felices para siempre”, del suspiro tranquilizador y de la complejidad del mundo reducida al amor de pareja.
Para peor, esto estaba exacerbado por la resolución completa de las necesidades económicas, bajo el sustento del millonario Sr. Grey. Un cuento del príncipe azul del siglo XXI.
Pero, con eso bastaba. La película no era buena, pero renovaba temáticamente el cine mainstream. No era necesario darle continuidad. Más aún, después de haber ganado tan convincentemente cinco de los Premios Golden Raspberry 2015 (peor película, peor actor, peor actriz, peor guión y peor pareja en pantalla). Pero, el hambre comercial, nuevamente, mostró sus incisivos y su insaciabilidad.
Cincuenta sombras liberada roza en lo ridículo. La pareja sigue teniendo encuentros fogosos en su cuarto rojo, los que son presentados de manera aleatoria. A la Sra. Grey se le caerá el pan y de atrás aparecerá el millonario señor Grey para recogérselo y después hacer lo mismo con ella (haciendo uso de una prosa proyectada desde la “sabiduría” de Ricardo Arjona). Burdo, torpe, inverosímil, inocentón, mezquino, aburrido… todas palabras para resumir la trama de esta tercera parte.
Por si fuera poco, el erotismo rupturista no es más que una forma de cartuchismo hollywoodense y de cinismo cultural. Intentar ser sexuales sin los órganos sexuales de por medio, es como hacer una película de zombis donde no muere nadie. Por eso, hay que tapar penes y vaginas, no vaya a ser que el espectador de edad avanzada se nos ruborice en exceso.
Ya sabiendo que la vida portentosa de los Grey carece de un argumento novedoso, peor es cuando se intenta generar un ritmo forzoso a la trama.
El esbozo de acción con el que experimenta el director James Foley, resulta en escenas candorosas y pusilánimes. Al final, esta intrusión de otro género termina por enlodar aún más el maculado guión de este film.
Falta hablar de la dominación, del machismo, de la resignación de una mujer a someterse al hombre proveedor y de una sarta de juegos sexuales, que sólo se resuelven en la codificación del otro como objeto de satisfacción de los instintos carnales individuales.
Habrá otra oportunidad para escribir del nefasto argumento que se representa en esta película, que pese a la promesa hecha a través de una eficiente una publicidad irreverente, termina siendo siútica y poco original.