¿Estamos preparados para que siga el aumento migratorio?

Frente a la pregunta promovida en redes sociales ¿Se debe facilitar o restringir el ingreso de migrantes a Chile?, la respuesta fue mayoritariamente en favor de poner límites al ingreso de extranjeros con un 79 por ciento de las preferencias equivalente a más de 1.700 votos.

Observando las cifras de manera fría, podría decirse que los magallánicos y magallánicas están más cerca de restringir la llegada de migrantes a la región, sin embargo, al momento de detallar y justificar su votación, los lectores, apuntan a las condiciones de ingreso, al respeto de la legislación vigente y las capacidades que pueda llegar a ofrecer el país y la región frente al aumento de población extranjera.

La sensación que se percibe en el ambiente nacional y que también se ha trasladado a esta parte del territorio, da cuenta de que la migración ha pasado a ser un fenómeno casi fuera de control, que llegó para quedarse y donde sus consecuencias o efectos parecen ser más negativos que positivos.

La reciente detención de dos ciudadanos dominicanos mientras huían de un control de carabineros encontrándose en posesión de cocaína, además de constatarse que se encontraban en el país de manera irregular, reafirma la idea que tiene un sector de la población en cuanto a que, hace falta mayor firmeza por parte de las autoridades al momento de recibir a los extranjeros en su ingreso a Chile.

En el caso de los dominicanos, algo falló. Seguramente esta es una situación que debe pasar en otros países, pero o hace falta ir muy atrás en el tiempo para recordar los casos de chilenos deportados desde Europa por no contar con la exigida carta de invitación y una suma mínima determinada de dinero para la estadía en alguno de esos países del viejo continente.

Los magallánicos y magallánicas han expresado que no se oponen al ingreso de extranjeros, eso sí, reparan en que, se debe ser más cuidadoso en separar en quienes realmente vienen con intenciones de trabajar y de ser un aporte a la sociedad local, de los que solo ven en esta nueva nación, en una oportunidad para delinquir y que arrastran antecedentes delictivos en sus países de origen.

Situaciones particulares como la señalada, se suma a la idea que, quienes llegan de otros países, contribuyen a colapsar los servicios y beneficios locales como acceso a subsidios de vivienda, capacidad de habitabilidad, incluso el derecho al trabajo. Este último caso, no tendría argumento válido si se considera que el desempleo regional ha disminuido durante el último tiempo.

Cualquiera sea el argumento utilizado y la posición adoptada con relación al tema, lo cierto es que algún tipo de impacto local debería llegar a tener el creciente aumento de la población migrante.

Esta semana se conoció el resultado de un informe elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Departamento de Extranjería y Migración (DEM), para las 16 regiones del país y 36 comunas con más de 10 mil personas extranjeras residentes estimadas.

El documento señala que en todo el país viven 1.251.225 extranjeros residentes habituales, 51,6% hombres y 48,4% mujeres.

Siguiendo con el texto disponible en los respectivos sitios institucionales, la Región Metropolitana concentra el 63,1% (789.412) de extranjeros residentes habituales del país, seguido por la Región de Antofagasta, con un 7,1% (88.701) y la de Valparaíso, con un 6,4% ( 80.573).

Para el caso de Magallanes, se cifran un total de 7.826 personas extranjeras residentes, 3.722 hombres y 4.104 mujeres.

Los datos indican que la población extranjera en la región austral es significativamente inferior a sus pares.

El fenómeno migratorio tuvo su principal apogeo entre los años 2014 y 2017 donde el aumento llegó a registrarse en más de 200% pasando de poco más de 400 mil a más de 900 mil personas.

Entre 2016 y 2017, habrían ingresado al país unos 150 mil haitianos.

En 2016 la expresidenta Michelle Bachelet, defendía la llegada de inmigrantes recordando la tradición migratoria nacional de acoger a los extranjeros. La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, criticaba en la ocasión la asociación entre aumento migratorio y delincuencia o aumento en el desempleo.

Regularización migratoria poco rigurosa, estímulo y facilitación de la llegada de extranjeros y los famosos y especulativos arribos de vuelos nocturnos con inmigrantes, fueron una constante durante el último gobierno de Bachelet.

Quienes sí vieron una oportunidad para la “prosperidad” durante esos años, tristemente claro está, fueron algunos funcionarios, varios de ellos de alta jerarquía y autoridad que, junto con fomentar la llegada de ciudadanos extranjeros a Chile, incrementaron sus recursos económicos personales.

En mayo pasado, un total de diez personas fueron formalizadas por su presunta participación en la red de trata de personas que alcanzó a casi 400 ciudadanos chinos que llegaron al país a través de falsas cartas de invitación y a quienes cobraban unos 5 mil dólares para la gestión de visas.

Entre los implicados están el exgobernador de la provincia de Choapa y el alcalde de Los Andes, además de un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores.

En medio del contexto sobre la población migrante en Chile y en particular en Magallanes, vale la pena abordar la forma en que el país dispone de los sistemas adecuados, en lo legislativo y operativo, para este progresivo aumento de la llegada de extranjeros que de manera legítima buscan en el fin del mundo el lugar donde emprender una nueva y mejor vida.

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