La
última encuesta sitúa a los parlamentarios, por ejemplo, incluso por
debajo del Presidente de la República y de los partidos políticos.
Esta
crisis pasará a la historia por muchos hechos. Casi 30 personas
muertas, vandalismo con saqueos, quemas de edificios, estaciones de
metros, destrucción de hoteles, locales comerciales y un sin fin de
millonarios daños en estructura pública. La imagen del país por el suelo
y con una economía en caída libre con un casi nulo crecimiento y
aumento en la cesantía.
El
lumpen y el anarquismo se infiltró y se volcó a las calles al amparo de
una nula reacción del Gobierno para imponer orden y seguridad.
Y la gente… La gente se manifestó con numerosas y multitudinarias marchas, que en casi un mes no han logrado mucho.
La
población se siente desprotegida y por eso se manifestó. La gente se
aburrió de la desigualdad. La gente está molesta de que los mismos
políticos, a los que cada cuatro años se les confía con un voto, no
hagan nada por ellos para mejorarles la calidad de vida.
En
casi un mes nos damos cuenta de que la desconexión total entre la
“clase política” y la ciudadanía se mantiene. Porque de lo contrario los
mismos políticos habrían realizado anuncios consistentes, que ayuden a
mejorar la vida de las personas.
Porque
son los mismos de siempre. Son los mismos que nos aparecían en la
papeleta de votación en la década de 1990 y que casi 30 años después
siguen ahí, con las mismas intenciones de querer seguir dirigiendo
nuestras vidas.
En
estos 30 días, ¿usted ha escuchado a algún parlamentario sentir un
grado de culpabilidad de lo que está pasando? Nada, se esconden en
reunión tras reunión y en desviar las reales necesidades.
¿Alguno de aquellos políticos ha salido a defender a las víctimas
magallánicas del vandalismo? Ninguno. Porque están más preocupados de
ellos mismos. De ver en qué forma se ubican ahora, en esta nuevo
escenario con nueva Constitución incluida.
Pero
ninguno ha manifestado su intención de dar un paso al costado, de
retirarse de la primera línea política, porque esa misma primera línea
política los protege y les entrega grandes regalías para seguir viviendo
felices, mientras miles de magallánicos tienen que luchar a diario para
llegar a fin de mes.
¿Alguno ha reconocido que sus labores parlamentarias en nada han beneficiado al magallánico de a pie?
Ninguno.
Y son los mismos que insisten en eternizarse en el poder. En querer
permanecer casi un cuarto de siglo representándonos en el Parlamento,
como si fuera poco haber incluso recurrido al nepotismo político para
instalar a sus parientes directos en otros cargos de representación y
así ejercer nefastos caudillismos que no le sirven a nadie para mejorar
su jubilación, por ejemplo.
Porque en treinta días esto se desvió de camino y, ¿quiénes lo desviaron? La “clase política”.
El
estallido social partió con el objetivo de pensiones dignas, mejores
sueldos, salud de calidad, costo de vida más bajo, medicamentos más
baratos, no más abusos, colusiones y rebaja en los sueldos de los parlamentarios.
¿Y sabe usted qué hemos ganado en un mes?
Nada,
porque los políticos desviaron las demandas a Asamblea Constituyente,
nueva Constitución y hasta pidiendo la destitución del Presidente
Sebastián Piñera.
¿Y la gente? Nada, vuelve a estar de brazos cruzados.
Y
si nos remontamos al 17 de octubre, hoy nos encontramos con ciudades
destruidas, devastadas, con un alto grado de inseguridad que nos
atormenta, que no nos deja dormir.
Por eso señores parlamentarios, por favor… Un pasito al costado no estaría mal. Ya fueron muchos años….