La primera conferencia realizada en California hace 30 años, no estuvo ni cerca de lograr el fenómeno que hoy las caracteriza y fue un fracaso rotundo. El ideólogo era Richard Wurman, un arquitecto y diseñador gráfico estadounidense que buscaba crear un lugar para exponer un fenómeno que le parecía inevitable: la convergencia entre tecnología, entretenimiento y diseño, conceptos que dieron al nombre del evento: TED.
Esa versión incluyó las presentaciones del en ese entonces innovador CD de Sony, algunas de las primeras demostraciones del computador Macintosh de Apple y charlas sobre tecnología 3D a cargo de Lucasfilm, el estudio de La Guerra de las Galaxias. Pero sólo 300 personas se interesaron y Wurman tuvo que dejar entrar gratis a la mitad para lograr llenar los asientos.
Con una sugerente mezcla de intriga, asombro y pasión en el nuevo hogar en Canadá del famoso encuentro de conferencias innovadoras, las conferencias TED “se han vuelto más interesante para más personas”, según cuenta Chris Anderson, comisario de la organización.
TED se ha ganado la atención mundial por sus características charlas en las que una persona brillante en un sector innovador, artístico o que destaque por alguna habilidad tiene 18 minutos para ofrecer una presentación audaz sobre su propuesta.
Los temas que suelen abordarse en los cinco días que duran los encuentros TED van desde parásitos que controlan la mente y extremidades biónicas a microbios intestinales y conciencia social.
“En última instancia, TED está haciendo algo que es bastante primitivo: un círculo de seres humanos atendiendo a un orador, escuchando una historia y sintiendo lo que el orador está sintiendo en una experiencia compartida”, dijo Anderson.
Charlas para todos
En 2006, TED comenzó a grabar las charlas y difundirlas gratuitamente en Internet en su web TED.com. La web fue recientemente renovada para permitir a los espectadores ahondar en las ideas y tomar acción.
Mientras las conferencias TED son difundidas cada vez en más idiomas, el tráfico a la web sube como la espuma. Las charlas se han extendido por radio y televisión, y algunos de los conferenciantes se han convertido en estrellas en Internet.