Niños es un libro que supera la categoría de literatura infantil en la que está corseteada su autora, quien en lenguaje poético describe breves instantes de la niñez de esos 34 menores víctimas de la violencia de la dictadura militar chilena. Una obra que se complementa con las ilustraciones de Jorge Quien, el que con trazos negros y azules materializa a esos mártires olvidados de la historia reciente de nuestro país.
María José Ferrada es periodista, poeta y escritora de libros para niños, que ella escribe pensando que son para todos, para grandes y para chicos, pero que el estricto rótulo de la categorización educativa por edades la circunscribe a un público que le encanta. Por eso no se queja. Prefiere que todos crean que está en ese género que todavía pasa por menor, pero desde donde ha hecho uno de los gestos más silenciosos y revolucionarios de los últimos años en Chile.
Fue cuando se percató que uno de los informes de las violaciones a los Derechos Humanos de la dictadura no distinguía la edad de sus víctimas y que entre ellos, se contaban niños y niñas. Debió entonces, sumergirse en las miles de páginas del Informe Rettig y fue sacando, no sin dolor, lentamente los nombres de esos menores que quedaron en el fondo de una lista cruel. Eligió a 34 de ellos, los que cuando los mataron eran menores de 14 años y se encerró con sus nombres y sus edades para convocarlos en secreto.
Así surgió “Niños”, el título de un libro de Grafito Ediciones que exhibe en su portada la palabra quebrada: “Ni – ños”, un concepto breve que aquí está cortado en dos y flotando sobre un gran fondo azul, como un océano desde donde emergen estas personitas.
La escritura de María José muestra un delicado trabajo con el lenguaje, las palabras y los recovecos del silencio. Simbólicamente, pasaron décadas para que un libro como “Niños” pudiera ver la luz. ¿Cuánto ha tenido que pasar para que seamos capaces de devolverles la dignidad de sus nombres, y escuchar esos susurros y canciones que fueron parte de sus vidas, que les rodearon antes de que fueran asesinados?
Como en otros de sus libros, como “Un mundo raro” y “El baile diminuto” con la editorial Kalandraka, “El árbol de las cosas” y “Notas del margen”, “Niños” (Grafito ediciones) lleva el sello de quien se ha sumergido en la cultura y la literatura japonesa: son breves, poéticos, esenciales… como los haikus.
Un libro que se puede leer como un viaje a la infancia, de manera inocente y feliz. Dejarse envolver como Magla por el sonido de las burbujas de jabón al desaparecer, por la luz de las estrellas si se cree, como Gabriel, que llegan a través de un antiguo abrigo negro que envuelve a la tierra o anotar, como Héctor, en una lista de misterios “cómo es posible que el sonido del mar viva en los caracoles”.
Y así, en cada página, ir abriéndose a momentos diminutos pero fundamentales junto a estos niños inmortales para terminar, de la misma manera como le sucede a la infancia, de forma brusca e incomprensible, con la lista donde aparecen sus nombres y apellidos, y junto a ellos la categoría de detenida o detenido desaparecido, de ejecutada o ejecutado a la edad de 5 meses de vida, de 3, 9 u 11 años…
“Niños” aparece entonces, como una manera de liberarlos de las amarras de la muerte en que quedaron sus nombres como parte del Informe Rettig, para dejarlos para siempre en esa república maravillosa llamada infancia, de la que nadie jamás debió sacarlos.