Para nadie es novedad que el cambio climático está afectando -de manera lenta pero latente- la realidad de cientos de ecosistemas y especies dentro de la Tierra. Sin duda, los más perjudicados son aquellos animales que se ubican en los extremos polares del planeta, que han sufrido en los últimos 20 años un brutal cambio en su estilo de vida, lo cual ha obligado a ciertas especies a modificar sus hábitos migratorios y alimenticios. No obstante, no todos logran adecuarse a las nuevas y altas temperaturas de los hemisferios.
Un ejemplo de esto es el estudio publicado hace pocos días por la ONG Oceanites, la que dio a conocer una investigación sobre las cinco especies de pingüinos que habitan en el continente antártico, que evidencian una realidad dispar a propósito de los cambios en el ecosistema.
Si bien este “censo de pingüinos” realizado por la agrupación norteamericana determinó alrededor de 12 millones de estas aves acuáticas que viven actualmente en el continente, este número está lejos de ser el ideal para que los pingüinos sobrevivan.
Los más afectados ante las diferentes amenazas que conlleva el cambio climático son los pingüinos adelia (pygoscelis adeliae) y barbijo (pygoscelis antarctica), quienes han disminuido considerablemente su población en la Antártica, tras un extenso estudio basado en fotos satelitales de más de 660 sitios en el continente. En tanto, la especie emperador se encuentra en un nivel estable, con cerca de 238 mil parejas, misma situación que la de los pingüinos macaroni, aunque también hay evidencia de que este último tendería a la disminución de su población.
La única especie que, a diferencia de sus parientes, ha aumentado en cantidad es la del pingüino papúa (pygoscelis papua). Ron Naveen, presidente y fundador de Oceanites, explicó que “esta especie parece haber adaptado más fácilmente su dieta, pasando a comer más pescado que krill”.
Juliana Vianna, investigadora de ecología molecular de la Universidad Católica y colaboradora del Instituto Antártico Chileno, asegura que este descenso (o aumento, en algunos casos) en la población mundial de pingüinos antárticos se debe “principalmente al cambio climático, pero también es debido a que algunas especies tienen mejor o peor adaptación a los climas extremos. En el caso del pingüino papúa, ha existido una colonización que va desde la parte subantártica a la antártica (provienen de las Islas Malvinas) por lo que tienen un código muy diferente a las otras especies que viven exclusivamente en territorio antártico”.
Al igual que Naveen, Vianna asegura que las especies adelia y barbijo son muy dependientes del krill, un crustáceo minúsculo que forma parte de la cadena alimenticia de miles de animales marinos. Lamentablemente, el paso de la pesca industrial, la polución y el inminente cambio climático ha mermado gran parte de la población de este alimento.
La investigadora prevé que, si existe una disminución considerable de estas especies vulnerables, no es descabellado hablar de extinción: “En el caso del pingüino emperador, las dos colonias que tenía en las Islas del Este de Inglaterra se extinguieron, y así como hay una extinción local, conlleva probablemente a una extinción global”.
Vianna aseguró que buscan la información necesaria para ver de qué manera estas poblaciones de pingüinos pueden adaptarse mejor a la falta de alimentos y al ya presente cambio climático.