La
muerte de Glenda Delgado Cárdenas dejó más preguntas que respuestas. Su
exconviviente y único acusado por su deceso fue absuelto de femicidio
pues, según la sentencia del Tribunal Oral de Punta Arenas, la causa de
muerte de la víctima fue “de carácter indeterminado y no atribuible a
terceros”.
Los
jueces justificaron su veredicto en un fallo de 214 páginas. “El
tribunal se enfrentó a un caso en que el sistema de asistencia y amparo
social pareció haber fracasado frente a la situación personal de
Glenda”, reconocen.
Las
dudas razonables surgieron a partir de las primeras diligencias. El 28
de diciembre del 2019 la Brigada de Homicidios de la PDI concurrió al
sitio eriazo donde fue encontrada la víctima y -según la sentencia-
“borraron rastros y vestigios que pudiesen haber tenido trascendencia en
la determinación precisa de los hechos”.
En lugar de haber esperado a la perita del Servicio Médico Legal, los detectives movieron y desvistieron el cadáver. Luego lavaron el rostro y abrieron los párpados para fotografiar los ojos.
De
acuerdo a la sentencia, la PDI trabajó con el cuerpo sin considerar que
podía existir intervención de terceras personas, a pesar de que sabían
la identidad de la víctima y su historial de violencia intrafamiliar.
“Es
demostrativo de la falta de acuciosidad de los funcionarios de la
Brigada de Homicidios tratar el lugar como un hallazgo del cadáver, sin
considerar la posibilidad de acción de terceros debido a la información
que ya tenían en su poder”, dice el fallo.
Estas
acciones repercutieron en el informe del Servicio Médico Legal. La
pericia concluyó que Glenda falleció por asfixia mecánica. Sin embargo,
en la autopsia no se registraron todos los procedimientos que “son
esenciales para determinar qué lesiones eran de carácter homicida”.
Por
ejemplo, durante el juicio quedó establecido que la víctima tenía
patologías médicas que arrastraba desde los múltiples episodios que sufrió. Sin embargo, la perita del SML no incluyó los registros médicos que habrían descartado su incidencia en su muerte.
Además,
la ausencia de registros durante la autopsia no permitió acreditar si
la lengua de la occisa estaba aprisionada entre los dientes, lo que
habría sido una prueba para determinar la asfixia mecánica que
sustentaba la acusación.