El
10 de diciembre de 2019, el avión Hércules C-130 se desplomó en el Mar
de Drake cuando iba rumbo a la Antártica. Los 38 tripulantes a bordo
fallecieron.
Querellas y otros procesos judiciales han sido parte de este caso. Uno de los últimos hechos es la presentación de una querella por
cuasidelito de homicidio contra quienes resulten responsables,
ingresado el 19 de diciembre de 2022, al Juzgado de Garantía de Punta
Arenas, el cual se declaró admisible.
El
próximo hito importante en este caso será el 21 de febrero de 2023, ya
que es la fecha otorgada para realizar la audiencia de formalización de
la investigación, donde están como imputados cuatro oficiales de la
institución, Julio Ojeda, Marcelo Mella, Allan Asenjo y Eduardo
Mosqueira. Abogados de las víctimas esperan que las responsabilidades
escalen al Alto Mando y deslizan sospechas de obstrucción a la
indagación que lidera el fiscal Eugenio Campos.
“Estos hueones quieren volar igual”
Hace unos días la Unidad de Investigación de BioBioChile, informó que al menos dos funcionarios de la FACh alertaron de fallas en el Hércules C-130 antes de despegar. Ambos murieron esperando una respuesta.
En
resumen, el reportaje narra que el mecánico eléctrico de la FACh, cabo
Cristián Gamboa, declaró en su calidad de testigo que el día de la caída
del avión tomó contacto con el cabo primero de la institución Sergio
Romero. Este último fue el encargado de revisar parte de la máquina, se
comunicó con Gamboa vía WhatsApp solicitando asesoramiento por una falla
que involucraba a los indicadores
de cantidad de combustible N° 1 y 4, los cuales presentaban
oscilaciones de indicación. La respuesta fue que derechamente el avión
-basado en el manual de mantenimiento- no podía continuar su operación,
procediendo a indicar que expresara a las personas correspondientes
sobre esta situación, “me respondió que ya había notificado”.
El
contacto entre ambos sigue mediante videollamada, en donde se escucha
que hay que preparar el vuelo, por lo que proceden a la comunicación vía
mensaje de texto. Gamboa insiste que el avión no puede operar, sin
embargo, declaró que Sergio Romero respondió: “Ya informé, pero estos
huevones quieren volar igual”.
El cabo Romero moriría horas más tarde, luego de que el avión colapsara en el Mar de Dake.
La
falla en los indicadores de combustible no fue la única que detectaron
los técnicos del avión antes de emprender el último vuelo del C-130.
El
cabo primero de la FACh, Leandro Torti Lillo y el sargento primero
Francisco Aguirre, solicitaron un repuesto, “oil cooler flap”, el cual
no fue otorgado. Quien supo de primera fuente la falta de recambios fue
el cabo primero Matías Gálvez, eléctrico aéreo del Grupo de
Mantenimiento 52.
En
la declaración que prestó en febrero de 2021, confirmó haber recibido
un mensaje de Leandro Torti, dirigido a un canal de WhatsApp del equipo.
Torti y Aguirre murieron en el accidente. La FACh nunca pudo establecer las causas del siniestro.