Todos
queremos un acuerdo (palabra que viene de corazón), todos queremos que a
nuestro país le vaya bien, que a todos nos vaya bien, que vivamos con
decencia, con dignidad, con justicia, con igualdad. No por adherirme al
sueño de izquierda de un socialismo y bienestar para todos (no para
algunos), deseo que a ustedes (que no piensan como yo, en todo su
derecho -como el mío-), les vaya mal, no quiero que fracasen ni tengan
pesares, es más, aplaudo a la gente que prospera, a los que les va bien,
a los “emprendedores”, pero quiero lo mismo para todos y, como decían
los antiguos griegos, que la justicia sea “dar a cada cual lo suyo”.
Pero, tristemente no es así. De tanto abuso practicado y de tanta
decepción acumulada, uno desconfía, recela, no disimulo el entrecejo
cuando los escucho hablar, engañar, mentir a secas… Y es que cuesta
creerles los discursos para la “galucha”, palabras de “bien”, aprendidas
de memoria
y que en la práctica caen en el intento, en las buenas intenciones y en
este saco sin fondo que es la esperanza del pueblo… Ya no nos
convencen… Obvio que quiero un acuerdo, que nos reunamos en torno a
nuestras diferencias partidistas (¡mire la tontera!), pero que
coloquemos, primero, nuestros corazones por delante; segundo, la verdad
y, lo más importante, el bienestar ciudadano que no debiese someterse a
ninguna consigna ni ideología. Y en este sueño (utópico como todos),
esperaría que un Acuerdo Nacional signifique terminar con los abusos.
Porque es esto los que ha corrompido el espíritu de nuestra Patria: el
abuso como sistema, como programa ideológico, como política de Estado,
como práctica de cuanto gobierno hemos tenido. Esto debe terminar: basta
de maltratar a los más desposeídos en favor de unos pocos, basta de
leyes que benefician a las minorías, basta ya de llenarse la boca con
“el pueblo” y ya basta de mentiras… Quiero un acuerdo y lo quiero ya,
quiero que terminen con el robo descarado disfrazado de sistema de
fondos de pensiones, terminar con la desigualdad en educación, en salud,
en acceso a la vivienda, la desigualdad de género, desigualdad
salarial… Cuando veo que este abuso es avalado, incluso, por nuestra
Constitución, no les puedo creer en su llamado a la unidad ni a acuerdos
nacionales cuando en la práctica estos temas ni siquiera están en la
agenda y solo están en el discurso barato… Y lo digo para “moros y
cristianos”, no crean que me refiero solo a los que actualmente
gobiernan, sino a los otros, a los que cayeron en una mentira más grande
que el actual gobierno porque, supuestamente, eran los “genuinos”
representantes de las demandas sociales y ya sabemos que el arcoíris se
fue a la cresta… Las últimas semanas hemos visto el rostro más duro del
abuso: mientras los trabajadores quedan cesantes y muchas empresas se
acogían a la ley de protección del empleo, estas mismas empresas se
repartían ignominiosamente las utilidades a costa de la cesantía, del
hambre, del abandono de miles y miles de chilenos… ¿Hay que proteger a
las empresas estratégicas?, pero por supuesto, pero desde mi utopía
inveterada, creo que la “empresa” más importante es la familia chilena,
usted, yo, todos y si a las empresas les van a destinar millones de
dólares y unos aplauden y se sacan “selfies” por dar 65 lucas a la gente
necesitada, me parece una aberración de tono mayúsculo… Así, estimados,
nuestros corazones nunca se van a encontrar porque quienes legislan y
asumen como triunfos estos aportes no están pensando precisamente en un
“acuerdo nacional”… Los voy a aplaudir cuando pongan a la “gente
primero” y cuando cumplan su eslogan. Usted dirá: ¿y dónde está la
oposición? Esperando el naufragio para aparecer como unos salvavidas,
pero que no saben nadar… Sigamos cuidándonos. Para todos, como siempre,
un abrazo.
P.D.: menos para los que no entiende qué significa “accordare” y que lamentablemente son muchos.