El sentido común

Hemos
ido aceptando como normal que el sentido común no sea el más común de
los sentidos, sobre todo a nivel social y político, en donde la
discusión sigue estando abismantemente desconectada de la real necesidad
de las personas, con anuncios y declaraciones para una imaginaria
galería que ya no existe. La gran mayoría de los chilenos comprende el
momento difícil y amargo que vivimos, más del 90%, se sentiría
plenamente identificado con las palabras pronunciadas el siglo pasado
por el Presidente Pedro Aguirre Cerda, al igual que entonces lo que
necesitan los ciudadanos chilenos de hoy es pan, techo y abrigo. Tanto
años han pasado y ante una emergencia como esta, con más conocimiento,
crisis de por medio y varios pasos traumáticos de nuestra historia, aún
hoy, la mayor parte de los chilenos se sienten desamparados.

Con
tristeza se puede apreciar que el sistema político no da el ancho, en
actitudes, ideas y comprensión de la realidad, pareciera ser que juegan
en su propia realidad virtual, con escasa o nula empatía hacia los
demás. Por más declaraciones y entrevistas, no se logra apreciar que
comprendan la realidad, lo cual queda demostrado en recientes
declaraciones vacías de muchos de los actores de la política, a
propósito de las cuales todos tienen culpas que expiar. La democracia es
muy valiosa, necesaria e imprescindible, pero se puede horadar cuando
los actores no son capaces de interpretar la realidad, debido a que los
lobos hambrientos del autoritarismo y de la solución fácil, comienzan a
criticar devorándola y desprestigiando la ve
rdadera vocación democrática que implica su real profundización.

Preocupante
son los indicios que tenemos al respecto cuando el Índice de Percepción
de la Democracia, recientemente publicado nos informa que el 73% de los
chilenos piensa que la democracia es importante, pero solo el 42% cree
que Chile es democrático, solamente un poco más arriba de Venezuela que
vive una especie de dictadura disfrazada; en todos los demás países de
la región el índice de sentirse viviendo en un país verdaderamente
democrático es superior. Esto se fundamenta por la idea generalizada que
tienen en nuestro país las personas respecto a que los gobiernos son
“de unos pocos, por unos pocos y para unos pocos”.

En
general los ciudadanos piensan que, por iniciativa del ejecutivo, del
gobierno, se legisla con total apego al interés de grupos privilegiado a
los cuales debe proteger, bancos, isapres, AFP y un largo etcétera de
intereses contrapuestos, que tienen la mayor de las veces más tribuna
que los propios ciudadanos.

Un ejemplo de lo anterior es la asidua aparición y opiniones en medios de
comunicación de directivos de la asociación de Isapres, ante la
discusión de la tenue o hipotética modificación del sistema previsional,
o la posibilidad aún remota que las personas ante la actual aflictiva
situación puedan hacer uso de una parte ínfima de fondos ahorrados. En
esta discusión deberían participar los ciudadanos, el gobierno y el
parlamento, pero no así los dueños y testaferros de las administradoras
de los fondos que capitalizan siempre las ganancias y se desentienden de
las perdidas.

La
porfiada e indolente desidia a patrocinar la extensión del postnatal
exigiéndole a las madres que se queden en casa, sin contar con el
sustento suficiente para alimentar y cuidar a sus hijos, constituye otro
despropósito y desapego a la realidad.

Como
asimismo no patrocinar por parte  del gobierno el proyecto de
suspensión del corte de los servicios básicos durante la pandemia,
otorgándoles la potestad alas empresas y dejando totalmente
desprotegidos a los cuidamos, a merced de los intereses ajenos al bien
común, pese a la necesidad que afecta dramáticamente a los sectores de
escasos recursos y comienza a desesperar a los sectores medios de la
sociedad, que también  están viviendo la crudeza de la falta de empleo y
escaso sustento para sus familias.

Mas realidad y democracia sigue siendo el desafío.

 

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