La importancia de la socialización temprana de niñas y niños en pandemia

Llevamos un año de
pandemia, un año claroscuro de duelos e invenciones que a veces
resultan, otras no. Un año de aprendizajes y temas que siguen sin ser
conversados con la seriedad que requieren, como son las vivencias de
niños y niñas. El año pasado circuló en redes sociales una fotografía de
un bar abierto junto a una plaza, cuyos juegos permanecían con cintas
de restricción. A la
niñez le tocaba seguir quedándose en casa.

Es
en el ámbito escolar donde aparecen los niños. Si hay alegría en
regresar a la escuela, posiblemente sea en buena medida la de
encontrarse con sus pares. En la niñez existe la amistad. Y estos
encuentros y desencuentros con pares tienen suma relevancia en su
desarrollo socioemocional, psicomotriz y del lenguaje, que se ha visto
deteriorado en el último año según un estudio de la UC.

La
socialización no empieza con la escuela, está en los inicios de la
vida, en las primeras sonrisas, en el balbuceo al que responde un
adulto, un hermanito; en el juego “está, no está”, en enseñar que no
todo se mete a la boca, en el gesto de manos para saludar y despedir, en
el trueque de auto por pelota. La socialización temprana tiene que ver
con una apropiación y participación en el mundo. Y aun cuando pensemos
que un bebé o niño pequeño necesita más bien las figuras parentales, hoy
esa disposición a jugar en casa está atravesada por un redoblado
cansancio de quienes mientras hacen el trabajo de cuidado, están en
otros trabajos. Varios hogares están con labores hacinadas que comienzan
desde muy temprano en la mañana.

Habrá
que apoyarse en las tecnologías, videollamadas, juegos online grupales.
Si tendrán que quedarse frente a una pantalla, acompañar. Hacer de la
memoria una ventana, nombrar a los amigos que ya no pueden ver,
conversar de los encuentros que han tenido, nombrar el exterior para
ventilar l
a casa. Ocupar espacios
compartidos en condominios cuando sea posible, organización y cuidado
entre familiares, vecinos. Acompañarlos a sostener esos lazos que han
construido más allá del hogar.

Hay
un cuento que trata sobre adultos de un castillo muy ocupados, en cada
salón hay un niño o niña que colabora, pero también pregunta ¿cuánto
falta? Son páginas y páginas de la misma respuesta: un ratito más.

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