Esta
frase fue dicha por el teólogo brasileño Boff, en una conferencia sobre
la pobreza entre otras temáticas. Hace exactamente tres años. El ex
sacerdote franciscano que además de ser filósofo, escritor, profesor y
ecologista, infiere que no se puede hablar de pobreza, sin una dimensión
ética, política, espiritual y desde un profundo sentir por aquellas
personas que sufren porque están condenadas a padecer hambre.
No
cuesta imaginar entonces, que hoy tenemos compatriotas que están en la
pobreza absoluta y además comprender la segunda línea de esta pobreza
disfrazada donde están los que pueden acceder a una canasta menos que
básica y tal vez a algunos servicios públicos, pero de forma
insuficiente, no consiguiendo satisfacer las mínimas necesidades
básicas, para vivir con dignidad.
El
impacto económico, por sobre lo social en medio de esta crisis
sanitaria hace replantearnos una vez más, la administración actual que
ha dado muestras lamentables de la importancia de la economía ante una
pandemia que nos tiene luchando por sobrevivir.
Las
cuarentenas tardías y por supuesto más severas, trae consigo efectos
negativos importantes en la gente, además de la incertidumbre, angustia y
desesperanza con un discurso errático e improvisado del gobierno, que
ha rato señala tener todo bajo control y más tardes las cifras
entregadas nos aterrizan a una dura realidad.
El
Estado debe asumir su rol en todas sus dimensiones, realizando acciones
serias, planificadas y concretas, para generar condiciones que permitan
sostener la delicada situación que enfrentan las familias chilenas, y
para ello no solo se requieren recursos públicos bien dirigidos, sino
dejar la tozudez del Gobierno, de no asumir que necesita a su lado,
asesores que tengan terreno, calle, experiencia y cercanía con la
realidad social. De lo contrario las medidas sociales tomadas, no
llegarán donde se debe y a quién realmente lo necesita.
Más
allá, de encontrar la fórmula perfecta, la acción del gobierno de
Piñera ha tenido diferentes contradicciones, basado en un modelo
predictivo, sobre la base de prueba y error. Al parecer no ha aprendido
mucho, considerando que antes de la crisis sanitaria, tuvo mediante el
estallido social, una gran crisis política y social.
Hoy
nuevamente sigue generando nuevas improvisaciones, imperdonables, por
cierto, como el anuncio de la entrega de canastas de alimentos, sin
ninguna planificación administrativa y menos logística, sin pensar o
considerar una opción más eficiente como la entrega de un monto mensual,
para darle autonomía a las familias y de paso reactivar la economía de
los barrios, apoyando el comercio local.
Hacer
frecuentemente el llamado a la solidaridad, se ha hecho costumbre en el
Gobierno, como si no fuera esto, justamente lo que muchos hemos
realizado por años, porque hace mucho tiempo que la pobreza se ha
tratado de invisibilizar mediante bonos, para tapar una realidad
conocida por todos/as.
Esta
desprotección de los sectores más pobres, de la clase media y las
dificultades que enfrentan en el día a día, las personas, para obtener
bienes básicos imprescindibles, parece entenderse desde el Estado, sólo
en base a la caridad, sin entender que la gente lo está pasando mal, sin
trabajo formal o los informales sin poder salir a trabajar, bajo esta
mirada, ¿la desesperación acaso no es legítima?