No voy a ser yo el que dé cuenta del desastre financiero y social
que ha sido la pandemia y el poco apoyo del Gobierno para las pymes y
trabajadores, haciendo que nos sigamos endeudándonos y obligando a los
parlamentarios a buscar retiros de porcentajes que van mermando las ya
paupérrimas pensiones de los que tendrán que jubilar.
En
Punta Arenas tuvimos que hacer caso omiso a las normativas de las
autoridades (que no tengo duda que poco y nada escuchan a los
representantes del gobierno en Magallanes) y organizar una reapertura a
contra pelo y llamados desde la intendencia y salud regional. Claro, un
acto de fuerza y de desobediencia social que nos llevó finalmente a
pasar al paso 2.
Ese
paso 2 nos ha permitido a los que tenemos espacio en las calles
(claramente quedan muchos mirando con desesperación sin poder trabajar)
de poder sacar mesas de lunes a viernes, volviendo al confinamiento los
fines de semana. ¿Sabía usted que hace más o menos 1 mes en el paso 2 no
se podía atender en terrazas y calles y eso era exclusivo desde la fase
3? Pues bien, justo en el momento que nosotros logramos pasar a fase 2
(mediante la presión social ya explicada) Santiago de Chile bajaba a
nuestra misma fase y por arte de magia, el ministerio de salud da la
posibilidad de seguir en terrazas en el segundo paso.
Bueno,
nuevamente queda demostrado de como todo se piensa en la capital del
país, el tema es que nosotros no somos Arica, La Serena, Santiago o
Pichilemu, donde en el verano tienen asegurada buenas temperaturas y
días agradables para disfrutar al aire libre. Nuestra realidad
finalmente se traduce que podemos trabajar (obvio que de forma reducida)
sólo 2 días a la semana, ya que el resto se nos viene el viento, lluvia
o frío, ni pensar como se sufre cuando esos dos días de buen clima se
les ocurre llegar el fin de semana.
Lo
digo ahora, estoy completamente seguro que, si Santiago se mantiene en
fase 2 para abril, de todas maneras, el Gobierno cambiará sus protocolos
y permitirá trabajar con aforo reducido al interior de los locales para
así afrontar las lluvias clásicas de la época y posteriores fríos del
invierno, cosa que los locatarios venimos solicitando con todos los
protocolos de seguridad. Así es nuestro Chile, ¿y nuestras autoridades?,
bien gracias, les mandaron saludos.
Para
cerrar quiero dejar sólo un ejemplo, porque claramente son muchísimos
los que podríamos encontrar en el mundo. En Francia, su Gobierno
(neoliberal como el del presidente Piñera) decidió endeudarse para que
las pequeñas empresas y los trabajadores no sean los que paguen la gran
parte de la pandemia. Le explico en números; desde el fondo social se le
otorgan 10.000 euros mensuales a los dueños de bares y restaurantes que
deban permanecer cerrados para colaborar de forma activa a la no
quiebra y poder asumir los costos fijos y compromisos contraídos. Sobre
los trabajadores, un subsidio permanente para todos los que han quedado
cesantes por la tragedia del Covid.
“Queremos
cubrir todos sus costos fijos. Si se necesitan medidas adicionales aquí
o allá, estaremos allí (…) Aún no todo está sobre la mesa. No es solo
una cuestión de qué tanto cuesta, también es una cuestión de apoyo
psicológico. Hay que apoyar más a los que más sufren”, dijo Bruno Le
Maire, Ministro de finanzas del país galo. Ignacio Briones, que justo
salió para iniciar una carrera presidencial, hizo que los trabajadores
tuvieran que acudir a su fondo de cesantía, prestamos con devoluciones
con los impuestos y a los emprendedores a la banca a endeudarse.
Con
esto quiero demostrarles que no es cosa de derechas y de izquierdas, es
cosa de tener un sentido social, algo que este Gobierno, claramente, ha
quedado al debe.