Por pandemia, muchos de nuestros hijos e hijas suspendieron sus estudios universitarios. ¿Razones?: paros en las UES, clases de mala calidad (y siguen cobrando como si nada), por seguridad sanitaria, por razones económicas, en fin, un efecto muy poco analizado. Pero, conscientes (como pocos creen que son los jóvenes), también quieren participar del plebiscito. Muchos, creyendo que el regreso era temporal, no cambiaron su dirección y se verán impedidos de sufragar en octubre y, esperando alguna réplica de nuestra clase política (que antes y muchas veces se han salvado el lomo en forma “express”), esperan que alguien se haga partícipe de sus demandas organizándose en un movimiento @yoquierovotar_2020. Esta situación es replicable en todo el país y mis brillantes alumnas (como todas y todos que quieren serlo), Katya Vallejos y Josefa Tejeda me alertaron sobre esta situación. Me dicen que solo en la región han catastrado a más de 180 y ya tienen contacto con sus pares de Aysén. Pero, como hay muchos que no quieren que el plebiscito se realice, no la tendrán fácil en lograr ese objetivo. Resulta curioso que en tiempos en que la informática es parte de nuestras vidas, un trámite así no se pueda hacer, resulta más incomprensible que los independiente tengamos que asistir presencialmente a las notarías, mientras los partidos políticos lo pueden hacer vía clave única. O sea, para variar y como ya es costumbre, los partidos tienen todo a su haber y el mundo de los “patipelaos” que se joda… Una vez más el clamor de la calle, contundentemente manifestado desde octubre, pareciera ser que a los honorables les hace poco sentido y vamos dándole de nuevo con los “acuerdos”, pactos y sub-pactos que son las movidas de siempre para perpetuarse en un poder que ya a estas alturas es más que cuestionable. Escuchar a algunos “voceros” de partidos plantear que es “gracias a la institucionalidad” (es decir, partidos políticos), que fue posible el plebiscito, me suena a un descaro que cae en el “cara de traserismo” (por decirlo suavecito). No pues, no sigan con el engaño de aparecer como los adalides de un proceso que ustedes “no vieron venir” desde la comodidad de sus posiciones. No pues, no le quiten el mérito a las movilizaciones sociales en donde no se vio ni una mísera (por decirlo suavecito de nuevo), bandera de partidos políticos. No me vengan conque su “acuerdo por la paz” sentó las bases de una institucionalidad en donde los muertos, ciegos, mutiladas, golpeados, presos (que aún lo están), no tienen ninguna justicia. No, estimados, el “cerco” de su institucionalidad se los corrió, quemó y destrozó la ciudadanía en las calles. No me vengan, como siempre, calzándose un traje que no les pertenece. Ocúpense de @yoquierovotar_2020, ocúpense de los independientes y dejen de lado el juego del “buenismo” en la política que huele más a “amarillismo”. Para todos, como siempre, un abrazo.
P.D.: menos para los “buenitos” que se quieren vestir con ropa ajena.