Tiempo al tiempo

A
medida que transcurren los días van apareciendo nuevas y más profundas
contradicciones respecto de lo que ha significado el tratamiento de los
datos de la pandemia que afecta a nuestra sociedad. Sin duda no somos el
país idílico que muchos habitantes de un sector de nuestro país estaba
convencido; ni que muchos tenemos una o más propiedades y casas en las
playas; ni que podemos subsistir yendo a nuestros trabajos en
automóviles propios, aveces con choferes incluidos; ni que los sueldos
alcanzan para satisfacer las necesidades de todos los integrantes de
nuestras familias, considerando en ellos a padres, hijos, eventualmente a
las parejas de los hijos y sus respectivas cargas y también a los
abuelos; ni que no poder trabajar no solo implica no timbrar una tarjeta
en una empresa durante la crisis, sino subsistir por los medios que la
ocasión les provee y que se les ha dado por llamar “microemprendedores”.
En fin.

No
importa con cuantas capas quiera barnizarse esta realidad, lo más
espeluznante es que la muerte ronda en todas partes y nadie está libre
de ella por más que se haya querido segmentar a nuestra población. Todos
estamos expuestos al bicho y no hay ninguna receta, aún, disponible
para evitar contagios. La propagación experimentada en otros países se
debió principalmente a la incredulidad y soberbia de sus habitantes, no a
la obligada exposición que, en Chile, muchos tienen que hacer debido al
hambre.

No
querer reconocer esto es un pecado que no tiene perdón. La actitud de
quienes defienden a ultranza el destino de los fondos de pensiones,
gobierno de manera preferente, están rayando en temas que no tienen por
que meterse. La decisión de la judicatura no puede cuestionarse ni
generar controversias. Hacerlo es incitar con un mensaje claro a la
instancia superior de como debe zanjar esto. Y eso es intromisión en la
judicatura que debería ser moralmente rechazado. La explicación del
super de AFP raya en lo inhumano: “Vana perder”, sí, los accionistas,
pero no los cotizantes que, si no sobreviven a esta pandemia, quedarán
destruidos social y económicamente. Si sobreviven deberán hacerlo con
las migajas de las pensiones resultantes y que, en ningún caso, les
devolverá el tiempo perdido.

Unos
se han atrevido y, el fallo de Antofagasta es un aviso que se va
avanzando hacia el criterio social de los fondos de pensiones. Ya
vendrán nuevas resoluciones que irán por la misma vía. No van a poder
acallar por siempre los razonamientos que de manera valerosa se han
contenido en las sentencias y que se irán multiplicando con el correr
del tiempo. La bola de la inequidad comenzó a rodar muy fuerte y, como
diría alguien, destruirá los castillos de naipes levantados por unos
cuantos para beneficio de unos pocos. ¿Una crisis del sistema? Claro.
Indudable. El pegamento de los naipes nunca fue el adecuado.

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