Hace una semana, el Apruebo y la Convención Constitucional se impusieron en las urnas con un respaldo contundente e histórico. Cuatro de cada cinco electores decidieron cambiar la Constitución hecha en dictadura e iniciar el proceso para redactar una nueva carta magna y que lo hagan 100% ciudadanos electos. Varias lecciones y desafíos nos dejan el Plebiscito. a) Indiscutiblemente las chilenas y chilenos aspiran a cambios profundos, cambios institucionales que permitan hacerse cargo de las demandas ciudadanas y evitar injusticias y desigualdades que producen y acumulan malestar, y por ello se movilizaron masivamente, pese a la pandemia. b) La ciudadanía ratifica su distanciamiento con el Congreso y los parlamentarios, y con su voto se negaron a que sean ellos los que redacten la nueva constitución. c) La conectividad a internet fue clave en el Plebiscito, seguramente influyendo en la menor participación de las comunas rurales y los sectores socioeconómicos más bajos, y en el aumento en motivación y compromiso de los jóvenes.
El inicio del proceso constituyente nos ofrece también desafíos. El primero, sin duda, es tratar de mantener la motivación y participación de la ciudadanía, especialmente de los jóvenes. Este nuevo aire democrático debe ser correctamente atendido y canalizado. El segundo, iniciar una discusión sobre como la nueva Carta Magna deberá responder las demandas sociales y consagrará los derechos de los grupos históricamente vulnerados (los pensionados, los pobres, las mujeres, las minorías sexuales, los pueblos indígenas, entre otros). Tercero, tratar de alcanzar la unidad de ese 80% que quiere cambios profundos, pero que se expresa en formas diversas y heterogéneas en cuando a participación, organización y miradas ideológicas. Todas las fuerzas opositoras deben hacer un esfuerzo para aunar ideas y tener lista única a Constituyente, que asegure una mayoría que pueda plasmar en la nueva carta magna los cambios que la ciudadanía demanda. Una oposición dividida en distintas listas sólo asegura la sobre representación de la derecha. Por último, para alcanzar un proceso Constituyente más representativo es necesario definir cuanto antes los temas pendientes. Se avanza en los escaños reservados para los pueblos indígenas, pero aún está pendiente facilitar la participación del mundo independiente. En la misma línea, se debe resolver el reglamento de la convención, la forma en que funcionará, pero sobre todo como mantendrán los constituyentes un vínculo y trabajo en los distritos con la ciudadanía.
Sin egos, sin mezquinas intensiones o pretensiones, todas las organizaciones políticas y sociales deben entender que el triunfo del Apruebo y de la Convención Constituyente no le pertenece a nadie y es patrimonio de toda la ciudadanía, de todos aquellos que se movilizaron de una u otra forma para cambiar la actual realidad. Esa ciudadanía hoy nos dice reconózcanse, dialoguen y trabajen unidos por Chile, pero por sobre todo por los más postergados.