“El estudio intenta conocer si la
adaptación de los niños que ingresan por primera vez a salas cuna es una
situación estresante, en términos de las emociones que los niños despliegan
durante los períodos de primera separación de sus padres y si ese estrés está
relacionado con el tipo de relación de apego que esos niños han desarrollado
con su madre”, precisó Cárcamo.
Respecto de los resultados obtenidos,
manifestó que su investigación muestra que la cantidad de emociones negativas
durante la separación fue muy alta para el grupo examinado. “Sin embargo, al
separarlos en los análisis por tipo de apego, se observa que quienes más
muestran emociones negativas de llanto y tristeza, son los que tienen un apego
seguro con sus madres. Esto quiere decir que los niños con apego inseguro,
probablemente, ya no sienten la necesidad de llamar a sus cuidadores porque
estos han sido poco sensitivos durante sus primeros meses de vida, lo que no
quiere decir que no estén estresados fisiológicamente”, subrayó.
Para cuantificar el estrés fisiológico
de los lactantes, explicó que “estamos en la etapa de analizar muestras de
cabello para observar los niveles de cortisol (hormona esteroide, considerada
la hormona del estrés) que esos niños tenían al momento de la transición a
salas cuna, y muestras de saliva que indican cómo la asistencia a salas cuna
pudo afectar el sistema inmune”.
El trabajo del académico de la UMAG fue muy bien recibido en este
encuentro, que es considerado como el más prestigioso en estudios de apego a
nivel internacional y que congrega a cerca de 400 investigadores de todo el
mundo.