Bloquean accesos a las casas, copan estacionamientos y en algunas calles y avenidas se transforman en lugares que favorecen a los delincuentes, a lo que hay que agregar que otorgan un punto negro –muchos, afirman los vecinos– a una ciudad que se ha ganado el título de capital de la Patagonia.
Estamos hablando de las decenas de vehículos abandonados en calles, pasajes y avenidas de Punta Arenas y de los que nadie se hace responsable, porque están allí desde hace largo tiempo.
Por ejemplo, en General del Canto con Grumete Bravo. En Zenteno al llegar a Pedro Aguirre Cerda y así, podría escribirse una larga lista de lugares citadinos en los cuales reina la chatarra, recordando “modelitos” que hicieron furor hace ya un par de décadas.
Sin embargo, Punta Arenas no es la única ciudad chilena que deberá enfrentar este problema, el de los vehículos abandonados en la vía pública.
Similitud con Iquique, que no parece coincidencia porque la posibilidad de adquirir un auto usado, en muchos modelos “con volante cambiado”, y postergar la adquisición de uno nuevo, se ve favorecida por el funcionamiento de un recinto franco, tanto aquí, a orillas del Estrecho de Magallanes, como en la Zona Franca de Iquique.
En esa ciudad del norte chileno, se ha dado el llamarla “la ciudad de los autos abandonados” porque se estima en cuatro mil los vehículos que quedaron tirados por sus dueños porque les costaba más, a simple vista, repararlos, aunque fuera con repuestos no originales, pintarlos u “enchularlos” un poco, antes que adquirir uno nuevo.
Allá en el norte, los reclamos de los vecinos sumaron miles, al punto que Carabineros debió llevar a cabo un plan de contingencia, porque muchos autos averiados, eran dejados en la vía pública; se les retiraban las partes que aún servían y, a partir de ese momento, “si te conduje alguna vez, no me acuerdo y tampoco quiero acordarme”.
La Cámara de Comercio, Servicios y Turismo planteó lo mismo que su similar magallánica: esos vehículos abandonados son un atentado a la imagen turística de Iquique y de Punta Arenas.
¿Chatarrización?
Se ha sostenido por parte de estudiosos del tema que es preciso instalar plantas de chatarrización, esto es, esos (y tal vez , otros) vehículos deberían ser recolectados por un particular que podría cobrarle un precio razonable a la Municipalidad o al Ministerio del Medio Ambiente, y una vez acumulados, llegar a un acuerdo comercial con empresas del rubro (la chatarra) que funcionan en Estados Unidos, Japón y Nueva Zelandia, entre otros y que, en el fondo, están reciclando y contribuyendo a resguardar el medio ambiente, evitando excavaciones, fundiciones y otras tareas propias de la fabricación de acero, por ejemplo.
Todo, afirman esos expertos, es cuestión de estudiar, planificar, conseguir recursos y ejecutar.
Pero lo que está ocurriendo en Iquique y que amenaza a Punta Arenas con vehículos abandonados en las calles y avenidas (y hasta en el corralón municipal) ha empezado a otorgarle urgencia a la necesidad de ocuparse y darle solución al problema.
Hace poco tiempo, la Gobernación de Magallanes, con el apoyo de los vecinos de la Villa Alfredo Lorca desarrollaron una iniciativa en tal sentido y retiraron algunos vehículos abandonados en calles y hasta en patios, con la promesa de que la experiencia se repetiría en otros sectores de la ciudad.
Todo resultó bien, pero fue un hecho limitado, acotado y que no continuó desarrollándose.