Adulto mayor con síndrome de Down lleva años postrado tras no recibir operación de urgencia

El
caso remonta su origen a 2017, aunque sus consecuencias siguen
vigentes. El 5 de septiembre, Fernando Olavarría de 51 años, persona con
síndrome de Down, tuvo un accidente en su hogar. Tropezó con un juguete
y recibió un fuerte golpe. En otras ocasiones, teniendo mayor
resistencia a golpes, no había presentado ninguna queja, pero esta vez
el dolor era tal que lloró y clamó por ayuda.

Sus
familiares atendieron la emergencia, llamaron a una ambulancia y
personal del SAMU ayudó a su traslado hasta el Hospital Clínico de
Magallanes. Allá esperaron la atención del médico Nelson Norambuena,
quien conversó con la hermana del afectado sin revisar ni palpar a
Fernando. “El caballero jamás se acercó a tocarle a mi tío algo, a
revisarle donde mi mamá le indicaba y se quedó ahí mirando, eso fue todo
lo que hizo”, cuenta Sandra Sotomayor, sobrina de Fernando Olavarría.


Posteriormente
lo llevaron a sacar una radiografía en su cadera, aunque la hoja de
alta menciona la rodilla. Artrosis de rodilla fue el diagnóstico
señalado y le fueron entregadas algunas pastillas para su tratamiento.

Sin
embargo, pasó un año sin poder ponerse de pie producto de sus dolores.
Fernando era una persona activa: bailaba, cantaba, gustaba de compartir
en familia. Al año, tuvo que ir al hospital por un tratamiento de
vesícula. Recién en ese momento el doctor que lo atiende se da cuenta de
que tiene una pierna más corta. “En la radiografía la fractura se había
consolidado, y fue la primera vez que supimos que había una fractura.
Debería haber sido operado en ese momento. Mi tío era una persona con
síndrome de Down que cantaba, bailaba, íbamos a viajar y no pudimos,
porque nadie entendía porqué no se paraba”.

Además
de dejar a Fernando en cama hasta el día de hoy, dependiente total de
sus familiares, su fractura de cadera no atendida provocó que tampoco se
pudiera operar de la vesícula. Desencadenó a su vez una depresión, ya
que era una persona independiente que usaba sus facultades para hacer
arte. “Él ya no volvió a caminar, y ahora ha seguido enfermándose de
otras cosas propias de su condición de síndrome de Down. Ahora una
operación sería un riesgo innecesario. Con todo este tema mi tío tiene
una depresión infantil, que a su vez le provocó una enfermedad
autoinmune en la sangre, o sea no tiene defensas. No se puede operar.
Nos llamaron el año pasado para operar, cinco años después, casi seis”.
consigna Sandra.

Actualmente
tiene una demanda en curso y esperan el certificado del Servicio Médico
Legal de Santiago. Sandra cuenta también que tuvo que conseguir un
abogado en Santiago, ya que en Punta Arenas no encontró a nadie que
quisiera llevar el caso. “Quién va a querer demandar a su amigo”,
finalizó Sandra Sotomayor.

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