El analista magallánico
Jorge Guzmán advirtió ayer el altísimo costo que tiene para Rusia el
actual conflicto con Ucrania, al tiempo que destacó la reacción de esta
nación a la invasión de su territorio y la respuesta de Occidente.
Sin
embargo, manifestó que su mayor esperanza para el término de la guerra
es que surja en Rusia un movimiento que derribe al actual Gobierno de
Vladimir Putin, por lo que hasta entonces continuará la guerra.
Gravísimo error
Guzmán,
quien es investigador asociado de la Universidad Autónoma & Athena
Lab, publicó una reciente columna en El Mostrador, en la cual señala:
“Hasta el inicio de las sanciones, el líder ruso consideró que las
democracias occidentales
no eran más que una manada de “leones herbívoros”. Tal como en el caso
de la voluntad de lucha de los ucranianos, la reacción de la OTAN ha
demostrado que el error de cálculo geopolítico de Putin y sus asesores
ha sido gravísimo. Producto de esa mayúscula equivocación, Putin ha
ofrecido a Occidente, primero, la oportunidad para encarecer hasta
niveles insostenibles su esfuerzo de guerra en Ucrania y, segundo, lisa y
llanamente, la razón para hundir su economía y forzar a la propia
población rusa a rebelarse en contra de su régimen. En buena parte la
paz en Europa depende ahora de que Occidente alcance ese objetivo.
China, mientras tanto, pacientemente espera conocer el resultado”.
Guzmán
destacó la colaboración ucrania-occidental para enfrentar el éxodo
masivo de civiles, así como la resistencia ucraniana, cuyos combatientes
“detienen (y encarecen) el esfuerzo de guerra ruso, y las sanciones
occidentales en contra de personeros y el conjunto de la economía
controlada por Vladímir Putin
y su entorno siguen acumulándose. Como era esperable, ese triple
fenómeno ocurre mientras la cooperación militar de Europa y la OTAN con
el ejército y la defensa civil de Ucrania aumentan a niveles que hace un
par de meses eran inconcebibles. Incluso, una “brigada
internacional” compuesta de varios miles de excombatientes en distintos
conflictos está en plena articulación al amparo del ejército
ucraniano”.
Otro hecho que destacó fue la reacción de países tradicionalmente pacíficos o neutrales como Suiza, Finlandia o Suecia.
¿El fin de Putin?
“En
la soledad del poder, Putin parece no mensurar los efectos
estructuralmente perversos que para su propio país (y para todo el
mundo) tendría un enfrentamiento directo con la OTAN. Quizás por eso sus
antiguos amigos occidentales, que se sitúan desde la extrema derecha en
Francia y Hungría hasta el victimismo irrendentista catalán y la
izquierda bolivariana, han comenzado a reconsiderar su cercanía con el
líder ruso. Todos parecen coincidir en que la progresivamente delgada
línea entre la paz y la guerra en Europa debe preocuparnos a todos”.
Sin
embargo, a su juicio, “lo trágico es que, a menos que se descubra al o
los Brutus rusos, el mundo está, de muchas formas, prisionero de un
autócrata para quien –comenzando por sus miles de jóvenes conscriptos desplegados en Ucrania– la vida del prójimo no vale lo mismo que para nosotros”.