La explicación fue la ruptura de la agenda de actividades, dada la contingencia surgida en los sectores periurbanos de la ciudad de Punta Arenas, donde la falta de agua potable generaba medidas de presión entre los vecinos.
Ayer, el alcalde de Punta Arenas, Emilio Boccazzi volvió a mantener en suspenso su decisión en torno a la situación de los artesanos de la Plaza de Armas Benjamín Muñoz Gamero, quienes esperaban un pronunciamiento del jefe comunal durante la jornada. La respuesta nunca llegó, pero entre los vendedores ya está tomada la decisión de mantener la calma y continuar trabajando, mientras esperan la decisión.
“Nosotros mantenemos la esperanza, que es lo último que se pierde”, reafirmó ayer Georgina Villarroel, dirigente de una de las dos agrupaciones, quien también se refirió a la eventual huelga de hambre mencionada por algunos de sus colegas.
“Eso no es un tema que nosotros estemos apoyando oficialmente”, aseguró ayer Villarroel. “Nosotros nos reunimos incluso con el obispo (Bernardo Bastres) y él nos dijo que eso era una decisión muy extrema y muy complicada, porque poníamos en riesgo la salud de las personas. Nosotros no queremos eso”, agregó.
Por su parte, Boccazzi evitó responder al escenario de una medida de presión de esa magnitud. “Las huelgas de hambre son para cuando no hay diálogo o solución. Son causas para medidas de fuerza mayor”, sostuvo ayer el jefe comunal. “Mientras haya diálogo y solución, a mí no me parece ponerme en este supuesto”.
Ayer, miembros del Concejo Municipal mantenían los cuestionamientos sobre si se respetaría o no el acuerdo que el órgano colegiado tomó el 12 de septiembre pasado, cuando se decidió, de manera unánime, que los artesanos de la Plaza de Armas debían trasladarse al centro artesanal dispuesto para esos fines.