Viviana Mancilla aguarda un tanto nerviosa, en medio de una sala semivacía, “vengo por mi hermano que tiene una discapacidad mental, pero pese a eso siempre ha trabajado como propinero o en la pesca”, dice.
Ayer, en las redes sociales, el inicio de la Teletón se tomó todos los espacios. En las paredes de la Oficina Municipal de Intermediación Laboral (OMIL) de Punta Arenas, en cambio, una pantalla led entrega la oferta disponible: un empleo de guardia de seguridad por $ 350 mil, otro de bodeguero, por un monto similar.
Visitamos las oficinas de este organismo, luego que el día anterior, el INE informara de un aumento del desempleo regional, hasta un 5% durante el trimestre agosto-octubre. Lo más llamativo, el aumento en un 37% en el número de cesantes registrados por la medición.
El director de la OMIL, Hernán Caro, aterriza el diagnóstico y señala que “la imagen típica en Santiago de gente haciendo fila frente a una faena, aquí no se da”.
Pero ha habido cambios, advierte, “en tres años, el perfil de las personas que llegan a pedir empleo ha cambiado y mucho. Ahora ves muchos más profesionales y técnicos en busca de empleo. Y entre los profesionales hay muchos inmigrantes, sobre todo venezolanos que han llegado en busca de empleo.
Conocí un caso dramático de un empresario que me confesó que no pudo contratar a un siquiatra venezolano, dispuesto a trabajar en lo que hubiera. Él me decía: ‘¿Cómo le pido a un siquiatra que vaya a prepararle una taza de café a alguien’”, relata.
Agregó que el número de técnicos y profesionales nortinos también va en alza. “Esto se da sobre todo durante el verano, cuando se requiere de más mano de obra. Lo malo es que cuando se quieren quedar, se encuentran con que Punta Arenas es una ciudad demasiado costosa”.