Cincuenta retos para cincuenta días: trasnochar, ver películas de terror, no hablar con nadie, inferirse cortes, colgarse en lugares altos hasta llegar al último reto: quitarse la vida.
Para cualquier persona en su sano juicio le parecería una loca idea jugar este macabro desafío, pero el fenómeno de la Ballena Azul está atrayendo a preadolescentes en diferentes partes del mundo, lo que ha derivado en la muerte de 130 jóvenes en Rusia desde el 2015. Ya existen víctimas fatales en Brasil, y en el caso de nuestro país, luego de conocerse el caso de una niña de 12 años que estaba dentro de este desafío, durante ayer se conoció sobre más casos en Padre Las Casas, en la Región de La Araucanía.
El juego se expande a través de redes sociales y quienes lo juegan no pueden dejarlo, ya que los supervisores de la Ballena Azul amenazan a los concursantes con matar a miembros de la familia.
Entonces, ¿qué se hace en estas situaciones? En Magallanes aún no se registran casos de este desafío, pero ya existen invitaciones a jugarlo, por lo que las autoridades nacionales y regionales ya están haciendo el llamado a los padres, para que estén atentos a cualquier cambio en el comportamiento de los más pequeños.
Establecer comunicación
Desde la sicología se recomienda a los padres no sólo estar atentos a los cambios de comportamientos, sino a la influencia de la tecnología en general, la que ahora es parte cotidiana de los adolescentes. No obstante, este tipo de prácticas que atentan contra la vida de los niños no es algo nuevo en internet, como comenta María José Millán, directora del Centro de Atención Psicológica de la Universidad Andrés Bello (UNAB).
“Este tipo de actividades no es nueva, desde que surgen las redes sociales podemos encontrar páginas, blogs, instagrams, facebooks, tumblrs y un largo etc., que incitan a los jóvenes a hacerse daño de distintas formas -dejando de comer, vomitando, cortando su cuerpo, aislándose e incluso suicidándose-. La aparición de este juego es muy peligroso para las familias, pero podemos verlo como una oportunidad para revisar nuestras prácticas de paternidad, revisar si nuestros hijos están en riesgo de ser atraídos por estas redes que los atrapan y los dañan, muchas veces sin que los padres se percaten”, manifiesta.
En tanto, Cecilia Aguilar, sicóloga de la Oficina de Protección de Derechos de Puerto Natales, también hace mención al cambio generacional, en donde los niños de hoy están cumpliendo las etapas de la adolescencia a más temprana edad, por ende, están más preocupados por establecer una identidad y calzar dentro de los grupos sociales.
Además, la sicóloga menciona el debate que se ha instalado en estos días sobre el suicidio, generado no sólo por el juego de la ballena, sino también por series y películas que exponen esta temática: “Hay que tener cuidado sobre lo que están viendo los jóvenes, sobre cómo se interpretan los mensajes, porque también alguien más vulnerable emocionalmente puede entender el mensaje de otra manera” declara. Es por ello que hace el llamado a los padres a no sólo supervisar el contenido de lo que ven sus hijos, sino también hablar sobre los temas difíciles que ven cada día.
“Lamentablemente, la tecnología ha desvalorizado la esencia de las personas, porque ya no se valoran las relaciones humanas, un mundo virtual te está diciendo qué es lo que tienes que hacer, por eso es importante no sólo cuidar de que los hijos no caigan en este tipo de cosas, sino también generar la comunicación para que ellos mismos te digan cuando enfrenten una situación así, como discriminación o este tipo de juegos”, asegura Aguilar.
En la oficinas de la OPD, tanto en Natales como a nivel regional, se realizan talleres a niños desde 5 a 14 años, en donde conversan sobre temáticas como la sexualidad, discriminación e incluso la empatía, ya que la inmersión a una cultura más tecnológica ha hecho que las personas vayan perdiendo la sensibilidad a temas humanos, comenta la psicóloga. Por eso el llamado a los padres es supervisar y conversar de estos temas, y también a establecer un vínculo de confianza y comunicación para atender a cualquier cambio que pueda comprometer su integridad física.