Los cementerios son “otras ciudades dentro de
las ciudades”, que algunos denominan “pueblos blancos”, que en sus nichos,
sepulturas en tierra o mausoleos familiares o institucionales, cobijan a tantas
o más personas que las que actualmente residen en los centros urbanos.
Por estos días, tanto el
Cementerio Municipal de Punta Arenas como los de Puerto Natales y Porvenir, se
aprecian con sus muros, accesos y senderos interiores completamente remozados,
más limpios y desempastados.
Por su parte, numerosos
familiares de quienes yacen allí también han accedido a esos recintos para
limpiar, repintar y adornar mejor que en otras fechas, tanto las sepulturas en
tierra como los mausoleos como los nichos.
Se espera que este 1 de
noviembre sean miles los visitantes que vuelvan a honrar la memoria de quienes
ya no están entre nosotros, para recordarlos con emoción apenas contenida,
pedir por el eterno descanso de sus almas en algún oficio religioso dentro del
mismo recinto o en una sencilla oración personal, íntima, pero en público y
depositar, finalmente, una flor o un ramo de flores en esos sitios, en muchos
de los cuales, tras un vidrio, perviven las fotografías de cuando estaban
vivos.
Horarios especiales
En todos los cementerios
se ha dispuesto de horarios especiales para ese día, para los anteriores y para
los siguientes, abriéndose las puertas a las 7.30 horas y manteniéndolas así
hasta las siete y media de la tarde, aproximadamente.
Los cementerios –
parques “Cruz de Froward” y “Parque Punta Arenas” también se aprestan a
entregar los servicios habituales a los familiares y deudos de quienes ya reposan en esos camposantos, los que incluyen
oficios religiosos de carácter ecuménico en sendos centros ceremoniales y
servicios de transporte gratuitos, entre otros.
Cementerio
municipal
El camposanto de la
capital de la Patagonia es un centro de atención para los magallánicos y
turistas nacionales y extranjeros.
El año pasado, unos diez
mil de ellos recorrieron el cementerio municipal, cancelando unos 30 millones
de pesos a las arcas municipales.
En este “pueblo blanco”
se conjuga la historia de la ciudad y de sus habitantes; la leyenda y el mito,
al punto que, a partir de los primeros meses del año venidero, se ofrecerá a
los visitantes una serie de circuitos o “visitas guiadas” que aludirán, por
ejemplo, a la historia de amor del peluquero Bautista Peruzovic quien siguió
amando a su esposa, Juana Depolo, más allá de la muerte, en 1932, y a quien se
le atribuye tanto amor por la fallecida que hizo embalsamar su cuerpo y cada
semana, volvía al cementerio y volvía a peinarla, tal como lo hiciera mientras
la mujer vivía.
Otra historia de amor,
pero más reciente, data de 1976, cuando falleció Gioconda Urrea, por entonces
de 27 años, en Valparaíso, el mismo día en que contraería matrimonio y fue
sepultada aquí.
Pero, se señala, no
descansa en paz, porque cada cierto tiempo, aseguran haber visto la figura
fantasmal de una novia, con todos sus atuendos de boda, vagando por el interior
del cementerio.
O la de Carlos Barría,
un ex trabajador de la construcción, que se hacía el encontradizo con antiguos
compañeros de trabajo; compartía con ellos en un bar cercano al cementerio; se
despedía en Bulnes con Angamos “porque debo tomar el bus a Puerto Natales” y se
iba.
Varios de sus amigos
juraron que las cosas fueron así, pero al día siguiente o una semana después
del singular encuentro, se enteraban que Barría había fallecido y yace hasta
hoy, en un costado del cementerio municipal de Puerto Natales.
Esas y otras historias-
como de la pareja de amantes que se citaba en el cementerio y, a veces, hacían
el amor en un rincón apartado y discreto para evitar ser sorprendidos, hasta
que él falleció en su casa, atendido por la legítima esposa – se explicarán en
los circuitos proyectados por la administración del cementerio y confían en que
“El del Amor” se ponga en marcha el día 14 de febrero, día de San Valentín.
Otras historias, son con
base histórica o con características de “mitos urbanos”, como la del “Indio
Desconocido”, los restos de los tripulantes de la “Doterel”, nave que yace en
el fondo del Estrecho de Magallanes, a una distancia relativamente cercana a la
costa y a 18 metros de profundidad, también serán incorporadas a esos circuitos
o los recuerdos bélicos de los combates navales de la Primera Guerra Mundial,
entre las flotas del Káyser y de Su Majestad Británica en los mares australes,
lejos de las respectivas patrias.
Mientras tanto, “el
pueblo blanco” seguirá durmiendo en paz, como lo hace desde 1894, cuando empezó
a funcionar bajo la administración de don Máximo Gilli y recibiera la primera
sepultación el 20 de septiembre de ese mismo año, cobijando, desde entonces, a miles de
magallánicos y no magallánicos fallecidos.
Doña Sara Braun, en 1919, donó el pórtico
monumental, y tras él, con la mudez propia de los muertos, las lápidas, los
mausoleos, los cipreses, las tumbas y los recuerdos escriben una historia larga
y quieta, tan cierta y tan cercana como aquella que San Francisco de Asís
llamara “Hermana Muerte”.