Céntrico pasaje de Punta Arenas convertido en maloliente basural

En otro tiempo, se mantuvo
limpio y bien iluminado, aunque costara, porque, desde hace años, fue utilizado
por sucios transeúntes que utilizaban el lugar para orinar y ello causaba la
molestia (ira, dicen muchos) de quien ocupara la primera casa, que miraba a
Chiloé (el fallecido empresario Secundino Fernández).

Otros usos que se le dieron
a esta estrecha vía, de no más de 150 metros de largo y ¿tres? ¿cuatro? de ancho,
fue el de “Villa cariño” para que parejas disparejas, dieran rienda suelta a
sus pasiones, ya fuera en automóviles o apoyados en los muros de las
residencias del pasaje, aunque lejos de las ventanas, de suyo indiscretas.

Pero hoy nada de eso ocurre
y en parte importante de su trazado, el Pasaje Dublé Almeyda se ha convertido
en un basural clandestino, maloliente, que atrae ratas y perros abandonados que
son los que revuelven las bolsas de desperdicios que personas desaprensivas y
sin hábitos ciudadanos van a depositar allí, cuando nadie los ve ni menos, los
identifica.

Las dimensiones del Pasaje
Dublé Almeyda también impide que los camiones recolectores de basura puedan
transitar por él, así que la tarea de erradicar este foco de basura maloliente
y depósito de “materiales de construcción en desuso”, está en manos de los
siempre poco suficientes, pero eficientes, medios humanos y materiales de la
Dirección de Aseo y Ornato de la Municipalidad de Punta Arenas.

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