Un trozo de zinc desprendido de un cerco en mal estado, al cual el viento debilitó de tal manera que los clavos que sujetaban las latas fueron incapaces de mantener.
Un par de estacas o piquetes de madera que el viento magallánico arrancó casi de cuajo porque los clavos o los alambres que los sujetaban no pudieron seguir cumpliendo su tarea.
Esos cuadros pueden encontrarse en diversos sitios de Punta Arenas cuando la fuerza eólica hace de las suyas y supera las rachas de más de cien kilómetros por hora; por una hora, luego, dos, tres, todo el día y toda la madrugada.
“Estamos en Punta Arenas”, afirman quienes se declaran resignados a los efectos de este clima tan nuestro, tan especial.
Pero otros afirman que eso de “mal de muchos es consuelo de tontos” es razonable porque perdieron un gorro, se les subió la falda o tropezaron al cruzar las esquinas de la Plaza de Armas en medio de un vendaval.
Sin embargo, más allá de esas visiones, se da un factor que presenta riesgo para todos los que, en un día con mucho viento, transitan a pie o en vehículos por calles y avenidas de la ciudad.
El viento puede arrastrar y “hacer volar” un trozo de lata, después de arrancarla de un cerco: un golpe de ese objeto puede lesionar y hasta matar a una persona si la alcanza de lleno, por ejemplo, en la cabeza o dejarle graves secuelas si el golpe alcanza las piernas, los brazos y el rostro.
¿Y si golpea un vehículo?
Los daños hay que cobrarlos a la aseguradora, si el dueño posee un seguro, pero es una tarea difícil porque ha habido casos en que se retruca que ese perjuicio se debió “a una causa natural que no cubre la póliza”, como se le dijo a Carlos C. Bahamonde cuando concurrió a las oficinas de la compañía donde pagaba (renunció a seguir pagando “una h… inútil”, según dijo en la mañana de este jueves).
Y así habrá que repintar la carrocería dañada o reemplazar el parabrisas y la luneta o un foco de vehículo golpeado.
Lo mismo ocurre con los maderos que son arrastrados por el viento y con los cartones gruesos o con una que otra rama.
Pero lo importante es que como la fuerza y la oportunidad del viento escapan al control humano, siempre será mejor prevenir y mantener los cercos, por lo menos, en las mejores condiciones que sean posible.