Hace
siete meses los planes de Bernarda Ulloa, chilena residente de Río
Gallegos, eran dar una vuelta a Punta Arenas para ver a su hermano
enfermo: “No podía caminar debido a una artrosis”, señala.
Lamentablemente el objetivo no lo pudo conseguir, debido a que se
encontraba en un asilo de ancianos, lugar donde murió meses más tarde y
en el que nunca tuvo la opción de tener contacto físico con ella. “Solo
lo pude ver en el cajón”, relata.
El
problema se multiplicó cuando quedó varada en la capital magallánica
debido al cierre de la frontera argentina. Sin opción de volver al lado
argentino, ha tenido que recurrir a la voluntad de familiares y amigos,
quienes la han acogido en estos más de siete meses.
“Es
lamentable no tener un lugar fijo. Ando de un lugar a otro. Visitando a
amigos de Porvenir. Ahora estoy en la casa de mi sobrino, pero tampoco
hay lugar”.
Incluso reconoce que ha pensado en ir a la zona fronteriza como una medida de presión para que la dejen pasar.
“Me
siento mal, porque creo que no me han escuchado. Siempre tratando de
llamar con la esperanza de tener alguna información sobre el tema. He
sacado dos veces pasajes en el mes de julio y en ambas me la han
suspendido. En uno de esos pasajes perdí la plata”, confiesa, señalando
que no ha podido reencontrarse con sus cuatro hijos y diez nietos.
Visiblemente emocionada en la entrevista, la mujer reconoce que analiza la opción de estar
en otro punto del país. “Voy a tener que buscar otra alternativa. Tengo
algunos amigos en Viña del Mar, porque en Punta Arenas no me podré
quedar”, indica.
Durante
esta semana existían esperanzas de que se abrieran las fronteras, pero
la anhelada noticia no se concretó. Supo que algunas residentes de la
zona sí pudieron regresar a tierras argentinas durante los últimos días.
Ulloa
recuerda que cuando llegó a Chile, por última vez, le advirtieron sobre
el problema. “Estoy consciente de que en la frontera chilena me dijeron
eso, pero nunca pensé que serían tantos meses y con tantas penumbras.
Pero me hubiese gustado haber estado en un lugar sola y no haber
molestado a la familia”, señala.
“El
gran drama es que extraño a mi familia de Río Gallegos. Estoy agobiada.
Afortunadamente no he tenido alguna enfermedad grave, pero temo que me
suceda algo. Solo le pido a la gente del consulado que se les ablande el
corazón”, clama Bernarda.