Magdalena Águila (69) es una de estas productoras. Lleva recién un año
y medio dedicada a la agricultura y en su pequeño invernadero, que no supera
los 10 metros de largo por 7 de ancho, luce orgullosa una treintena de sandías
que pesan más de 5 kilos.
Entre lechugas y cilantros, las plantas de este fruto originario de
África son las reinas de la fiesta. “Tienen música todos los días, así que
amanecen bailando. Ellas son las preciosas y yo la Bolocco”, bromea Magdalena
con una sonrisa que casi muerde sus orejas.
Cuenta que la receta para el éxito de su empresa ha sido regar las
plantas sólo con agua lluvia, ponerles música ranchera y darles calor con una
vieja lavadora que habilitó como estufa a leña. “A las 6 de la mañana enciendo
el fuego y altiro empiezo el baile. Además, todos los días les rezo, porque
quiero que la fuerza que tienen para crecer me la transmitan a mí también”,
comenta.
La historia comenzó con las semillas de una sandía que Magdalena
disfrutó en familia después de un almuerzo. Las guardó varios meses, luego las
puso en maceteros y finalmente las trasplantó a la tierra del invernadero. “No
es fácil acá en la isla, con el viento y el frío se hace todo más difícil, pero
si uno le pone esfuerzo y dedicación siempre es posible salir adelante”,
explica.
La tierra para la siembra la preparó con el aserrín que le trajo su
marido de la Forestal Russfin, ubicada al sur de la isla. También uso un “menjunje” con café
colombiano, agua de lenteja y cochayuyo para mejorar el suelo. “Yo participo en todas las capacitaciones de
Indap, y aplico todo lo que me enseñan y siempre me resulta. Tocar la tierra y
trabajarla me cambió la vida. Estuve muy
enferma y hoy vuelvo a renacer”, explica.
En su predio también tiene gallinas y espera este año construir un
invernadero más grande. “Indap es fundamental acá en la isla. Sin su apoyo no
podríamos hacer agricultura. Una se inicia con la producción de pequeñas cosas
y pronto va creciendo. En el futuro quiero que me conozcan por el sabor de las
sandías de Tierra del Fuego”, afirma.
Para el director regional de Indap, Víctor Vargas, “si bien, aún
existe una fuerte importación hortofrutícola y estamos lejos de satisfacer la
demanda local, también es cierto que hoy los pequeños agricultores, con apoyo
de Indap han logrado avanzar, diversificar la producción y desarrollar sabores
inocuos, sanos, que distinguen a la Patagonia y sus productos”, explicó.