De
pronto, la señora Inés se explaya y nos cuenta su historia. “Abrí hace
45 años, el año 74, después del golpe. Me echaron de la escuela,
exonerada, no me dejaron trabajar más y me reinventé. Siempre he
trabajado con gusto y tratando de que el personal sea tratado en forma
justa. Antes me sobraba, ahora tengo que hacer el dinero”.
Su
tesón fue increíble, impresionante, y como dueña de la Casa de la Media
logró levantar cuatro locales comerciales en Punta Arenas. Pero la
cuarentena ya le arrebató uno y las deudas iniciadas tras el estallido
social ahora superan los $ 100 millones, nos cuenta. “Tengo una deuda
bárbara con el banco… Estamos estrangulados… Me tengo que esforzar
no más. Ahora, que la gente se cuide, para que al virus tratemos de
controlarlo y no que el virus nos domine”, comenta esta mujer cuya única
ayuda estatal, dice, han sido ofrecimientos de asesoría y
reprogramaciones.
Valentina
Monge, dueña del local PuqStore, también valora la decisión de abrir.
“Fueron más de 100 días que estuvimos cerrados. Gracias a las redes
sociales trabajamos con despacho a domicilio y eso fue lo que se movió
en estos meses. Así que ahora sólo queda aprovechar este mes que es el
mejorcito del año”.
Claudio
Valladares, dueño de Ricla Artesanías, agrega: “Tengo este negocio hace
20 años. Le hemos dado mucha dedicación, con la gente que trabaja
conmigo y mi familia, pero igual estamos atacados porque no hemos podido
trabajar”.
Agrega
que “con la pandemia todo dicen que uno tiene que reinventarse, pero yo
le he dedicado mucho a este negocio, incluso a costa un poco de mi
familia, pero ahora confío en que podamos salir adelante”.
Finalmente,
Paula Ochoa, socia de un local en calle Mejicana, dice: “Hubo que
habilitar un microespacio para funcionar. Al menos, no tuvimos que
despedir a nadie. Ojalá esto mejore”.