A
contramano de la tendencia imperante en países desarrollados, donde las
políticas públicas y factores económicos y socioculturales han
desincentivado el uso y adquisición de automóviles particulares, en
Punta Arenas la situación es opuesta: El parque vehicular no ha parado
de crecer en los últimos años, lo cual ha saturado las calles de la
ciudad y ha convertido los “tacos” en algo normal para los
puntarenenses, entre ellos, los conductores del transporte público.
Es
un círculo vicioso: Los habitantes de la urbe prefieren tener su auto
propio, hasta más de uno por familia, las calles se atochan, el
transporte público tiene más dificultades para circular, tarda más,
realiza menos recorridos en el mismo tiempo, y la gente evita
utilizarlo.
Estresados
Pero
quizás quienes se llevan la peor parte son los conductores de micros y
colectivos, quienes deben estar todo el día, y todos los días,
sumergidos en lo que algunos ya califican como un “tráfico infernal”, en
una ciudad cuyas calles jamás fueron diseñadas pensando en un parque
automotriz de las dimensiones que ha alcanzado hoy.
Con
el regreso oficial a clases y trabajos de este 2023, el primero en tres
años sin ningún tipo de restricciones de movilidad para la población,
les ha tocado volver a la normalidad, pero con menos colegas –durante la
pandemia muchos conductores renunciaron o se cambiaron de rubro- lo
cual también ha contribuido a empeorar las condiciones laborales y
calidad de servicio.
Según
lo que cuentan los choferes, debido a los tacos que ya se han vuelto la
normalidad de Punta Arenas, si antes podían completar su recorrido
ocho, nueve o hasta diez veces al día, hoy apenas logran hacer cinco.
Simplemente no da el tiempo. Y eso provoca en los usuarios la sensación
de que hay menos frecuencias y un peor funcionamiento.
“La
cruzada de Bulnes para ir a la universidad, la bajada de Independencia,
la pasada por Eduardo Frei ¡taco para allá y taco para acá!, es la
misma cantidad de horas de trabajo, pero hacemos menos vueltas” cuenta
el colectivero Juan Carlos González, quien recomienda como medida “sacar
a los particulares del centro, como se hacía antes”.
Malas decisiones
Marcelino
Aguayo, presidente de la Asociación Gremial Tacopa señala que “el tema
del transporte público se complejiza cuando tienes la cantidad de
vehículos que andan circulando hoy en las calles, de los cuales ocho mil
o nueve mil son irregulares, sin permiso de circulación, ni revisión
técnica”. El dirigente agrega que otro asunto que entorpece su día a día
son “los arreglos que se hacen en marzo. Nosotros siempre hemos llamado
la atención sobre eso. La ciudad está cortada en muchos puntos
neurálgicos, y son trabajos que podrían haberse hecho en enero o
febrero”.
Por
otra parte, Aguayo también critica algunos aspectos de planificación
urbana, como por ejemplo el trazado de ciertas ciclovías: “Es insensato
poner una ciclovía en la calle más importante para el transporte público
de la ciudad. El próximo mes vamos a tener dos metros menos de calzada
en la calle Magallanes y 21 de Mayo, que es donde más se notan los
tacos. Se va a eliminar el viraje en la calle Sarmiento, en la calle
Mejicana, evidentemente son decisiones inadecuadas” señala. Eso sí, el
dirigente gremial aclara que no es que estén en contra de las vías para
bicicletas, “pero si las hacen en calles por donde pasa regularmente
mucho transporte público, es un daño que se le hace a la comunidad en
general, porque demorarán más en llegar a su trabajo”.
Así
también, Aguayo entrega un diagnóstico sobre la situación actual de su
rubro, y cuenta que “hoy la mayoría de los colectiveros son propietarios
de sus vehículos, quedan muy pocos conductores que paguen
cuota, y las cuotas a su vez se fueron a pique, junto a eso han subido
enormemente los precios de los autos”, además señala que existiría un
mal uso de los recursos públicos, por ejemplo, de los fondos regionales
que subsidian “los recorridos de micros nocturnos que pasan
vacíos”, y otro factor que no puede dejar de nombrar es la competencia
que los colectivos tienen de parte de las aplicaciones de transporte
como Uber o Didi, que recién han sido reguladas legalmente en su
actividad.